Basado en hechos reales por Carlos Alsina

La Razón
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Aquí están los hechos para descabalar discursos mal cosidos a golpe de frase hecha. Hablan los pueblos para refutar el relato-ficción del pasivo sometimiento. Los eslóganes inundan no sólo las animadas concentraciones que, con todo derecho, conmemoran aquel amago de revolución que quedó en gatillazo, sino sermones de gurúes que leen en diagonal a Krugman y refieren, sesgadamente, la fábula de un país llamado Islandia. Por muy rebotado que uno esté, resulta incoherente reclamar banca pública a la vez que se critica al Estado por tomar el capital de Bankia, o demonizar el negocio bancario al tiempo que se suspira por que «fluya de nuevo el crédito». Los difusores de teorías sintéticas han alcanzado su mayor éxito en la colocación de esta frase: «La democracia ha sucumbido ante la dictadura de los mercados». Sus predicadores lamentan la agonía de «la política» mientras los medios constatamos que las elecciones se siguen celebrando, los gobiernos caen y las sociedades modifican el signo político de sus mayorías parlamentarias. El pueblo, manifestándose. Porque la democracia funciona, los franceses han podido despachar a Sarkozy para encomendarse a un nuevo presidente que es su antítesis: mate, pausado y socialista. Porque la democracia funciona, los griegos han dado su apoyo mayoritario a partidos que impugnan las condiciones del rescate reabriendo así las dudas sobre el pago de sus deudas. Este repudio de la sociedad griega al contrato en vigor no pueden ignorarlo ni los líderes políticos griegos ni los dirigentes del resto de Europa: su legitimidad descansa sobre la voluntad de aquellos a quienes representan. España votó en noviembre; Alemania está votando regionales y tiene legislativas en un año; Italia acaba de votar municipales y renueva Parlamento en 2013. La democracia no ha sido secuestrada. Los mercados no ponen ni quitan diputados. Sólo ocurre que los estados necesitan pedir prestado.