Literatura

Coetzee lo que saben los otros de uno

El Nobel Coetzee publica «Verano», el último volumen de sus memorias de ficción narradas por cinco personajes

El autor describe un pasado con la vista puesta en los problemas actuales
El autor describe un pasado con la vista puesta en los problemas actuales

En sus magníficos libros de memorias, «Infancia» y «Juventud», John Maxwell Coetzee (Ciudad del Cabo, 1940) usaba el punto de vista de una tercera persona para distanciarse de sí mismo, para referirse a un yo que era él en realidad, estableciendo un clima de proximidad y alejamiento que proporcionaba un tono literario tan lacónico como atrayente. Ahora, en la tercera entrega de su autobiografía ficticia, «Verano» –traducción de Jordi Fibla–, el premio Nobel 2003 da una vuelta de tuerca a ese recurso y aquel narrador se bifurca en la voz de cinco personajes que son entrevistados por un tal Vincent, biógrafo del propio Coetzee, que opinan sobre la vida del escritor en los años 70. Estamos ante un Coetzee que insiste en la búsqueda de caminos literarios sorprendentes que ya practicara en «Elizabeth Costello» (2004) y «Diario de un mal año» (2007), de resultados tan interesantes como irregulares. «Verano» también sufre este desequilibrio: desde buen principio, el autor desea despertar el asombro en el lector; de ahí que transcriba diversos apuntes fechados en 1972-1975 que ya proporcionan un asidero para la incertidumbre y que luego retomará el entrevistador para sus preguntas a Julia, Margot, Adriana, Martin y Sophie. Éstas son las invitadas a hablar de la vida de aquel tipo retraído que vivía con su anciano y callado padre, torpe en sociedad, idealista, desgarbado y asexual. Así era el Coetzee de sus primeros escritos.Pues no es otra la manera en que los entrevistados hablan del escritor hoy tan celebrado (las charlas tienen lugar, siguiendo con el juego metaliterario, en los años 2007 y 2008). «Incorpóreo», «hombre de madera», le llama la brasileña Adriana, una profesora de ballet que se sintió acosada por Coetzee y cuya hija fue alumna de éste en el instituto; «tenía un aire de sordidez, un aire de fracaso», asegura Julia, una de sus amantes transitorias de adúltera vida ajetreada; «su obra carece de ambición», llega a pensar Sophie, colega universitaria en Ciudad del Cabo... Coetzee se burla de sí mismo, se critica y se analiza, presentándose como un hombre secundario en su entorno, con apenas «vanos anhelos», como dice su prima Margot, y con el único objetivo de hacer trabajos manuales y de ejercer dignamente su empleo como maestro.El libro alterna pasajes de buen pulso narrativo, como el largo capítulo inicial dedicado a la Julia que recuerda a John «con afecto», pues lo consideraba «un personaje de comedia», con otros que se basan en demasía en su entorno familiar afrikáans, sin mucho interés, o como el último, cuando Sophie disecciona el pensamiento sociológico de Coetzee con excesivo detalle y desaparece la gracia literaria a efectos de que el propio autor reflexione y se justifique. Aunque sea mediante otra voz, personas que tal vez un día existieron y ahora son sólo sus álter egos, mentiras de papel.

J. M. Coetzee «Verano»Editorial Mondadori255 páginas. 18,90 euros