Lavapiés territorio comanche

Lavapiés es un barrio diferente. Huele a curry, a sándalo y a cuero curtido. Conviven más de 80 nacionalidades distintas y ocurren cosas que no se ven en otros barrios tan céntricos. Hay negocios regentados por paquistaníes en los que se puede encontrar, carnicería, pescadería y productos para la limpieza en apenas 20 metros cuadrados.

Los agentes que patrullan las calles de Lavapiés alertan de la dificultad de realizar su trabajo
Los agentes que patrullan las calles de Lavapiés alertan de la dificultad de realizar su trabajo

En estos ultramarinos a la vieja usanza venden, además, droga a pequeña escala. Ocurre en varias tiendas de alimentación de la misma calle Lavapiés. Mientras esto ocurre en los locales, en las plantas superiores varios delitos comparten planta. Los pisos patera pueden contarse por cientos, y en muchas de esas viviendas «arreglan papeles» a los inmigrantes ilegales por desorbitados precios, esconden talleres de costura con «sin papeles» explotados y ocultan «almacenes» de CD y DVD piratas.
Por su condición multirracial, Lavapiés ha albergado siempre la sede de muchas ONG que luchan por los derechos de los inmigrantes y también cuenta con varios centros autogestionados («okupados»). «Pero no se puede confundir la velocidad con el tocino», explica Muguel, que lleva 30 años al frente de la única frutería de la calle con licencia. «La gente está muy quemada con las redadas que se hacen con los irregulares, pero impedir a la Policía que trabaje sólo nos perjudica a nosotros». Se refiere al incidente del pasado día 12, cuando unas 200 personas trataron de impedir la detención de un traficante de droga. Era la segunda vez que «el barrio» se enfrentaba a los agentes. La Policía advierte de lo complicado de trabajar en el barrio.«Se están confundiendo de gremio». Un portavoz de la Confederación Española de Policía (CEP) explica la frustración de su gremio ante los últimos incidentes ocurridos en Lavapiés. «No se puede dejar que un grupo de gente decida que en un barrio de Madrid no se cumple la Ley. No se puede dar la imagen de que la Policía se rinde ante ellos, eso es peligrosísimo», advierte. Los agentes del CNP fueron los primeros en sufrir en sus carnes la «rebelión» de este barrio. Ocurrió el pasado 5 de julio cuando, según los empleados de Metro, Abdoulay Sek –un vendedor ambulante de nacionalidad senegalesa–, trataba de colarse en el suburbano.
Otras voces apuntan a que la Policía estaba haciendo una de sus frecuentes redades de inmigrantes em el barrio. En cualquier caso, en cuestión de minutos cientos de personas salieron al grito de «¡Ningún ser humano es ilegal!» y trataron de impedir que los agentes se llevasen a identificar a Sek. «Mucha gente sí esta vinculada al 15-M porque se reúnen en la plaza de Lavapiés para hacer una de las asambleas de barrio pero otros son gente que trapichea por el barrio y se unen al tumulto», explica un agente.
Patrullar las calles de Lavapiés se ha convertido para muchos agentes en un suplicio. «La Ley de Extranjería puede no gustar a la gente pero no la hemos aprobado nosotros. Que una persona no tenga en regla los papeles no es un delito, es una infracción administrativa pero implica detención. Si no lo hacemos, nosotros sí estamos infringiendo el reglamenteo», aclara un agente. «Si les parece indignante que se manifiesten frente al ministerio de Justicia o en el Congreso, pero la Policía no es la responsable». «Y, al igual que con las identificaciones, si veo a alguien hacer un pase de droga o cometiendo cualquier otro delito, no puedo quedarme impasible, por eso no entendemos cómo la gente ampara al delincuente».
Quienes patrullan la zona (tanto policías municipales como nacionales) comentan que, desde que unas 200 personas quisieron frenar la detención de un traficante el pasado día 12, los insultos y la «hostilidad» han crecido en el barrio de forma exponencial. «Si Delegación de Gobierno no ordena contundencia pronto, esto va a ir a peor y se va a dar la imagen de que un grupo de personas pueden conseguir que la Policía no actúe», advierten desde el CEP.

Bajo la sombra del Movimiento 15-M
Como entre los «indignados» no hay portavoces establecidos, es complicado saber si el movimiento 15-M respalda que los ciudadanos detengan los arrestos por parte de la Policía en Lavapiés. Si con la paralización de los desahucios hay prácticamente unanimidad a favor, muchos participantes en las asambleas de barrio denuncian que se boicotee un arresto de forma indiscriminada. «Si es un delincuente, que se lo lleven. No sabemos lo que ha hecho», opina una mujer del barrio que, sin embargo, denuncia las redadas contra los «sin papeles». «Ha habido días que se han llevado a 20 en un furgón», cuenta. De cualquier forma, son muchos los vecinos del barrio que han alzado la voz para defenderse. Aseguran que ellos no impiden que la Policía lleve a cabo su trabajo. Es más, afirman que quienes boicotean las detenciones son personas de fuera del barrio que se reúnen en un local de la calle de la Fe esquina Zurita.