París

Apadrine una colmena de abejas por 100 euros

La Asociación de Apicultores de Estrasburgo (AsApiStra) lanzó hoy una campaña para preservar la especie: apadrinar una colmena de abejas por 100 euros durante tres años, a cambio de miel, visitas guiadas e información gráfica.

Según el presidente de la asociación y último apicultor profesional de Estrasburgo, Jean Claude Moes, crear una nueva colmena -con unas 20.000 abejas en invierno y 80.000 en los meses de verano- tiene un coste global de 300 euros.

Moes asegura que los padrinos se convierten en "actores militantes de la biodiversidad", que pueden descubrir la vida de una colonia de abejas.

El apadrinamiento, afirma Moes, permite aumentar el número de colonias de abejas y, al tiempo, "frenar la amenaza de desaparición de la abeja". Pero además, favorece la polinización y limita la desaparición de especies vegetales.

"La abeja tiene problemas de salud", lamentó Moes en una rueda de prensa rodeado de tarros de miel y caramelos y bizcochos preparados con este producto, por culpa de parásitos como el ácaro varroa destructor.

La mayor amenaza está en proceso: hace tres años llegó al puerto de Burdeos la avispa asiática (vespa velutina), predadora de abejas, capaz de destruir una colonia en una semana. "Ya ha alcanzado París y está a punto de traspasar los Pirineos", explica Moes.

Si a ello le sumamos los problemas relacionados con la agricultura intensiva, la utilización de productos fitosanitarios insecticidas, la polución electromagnética y la urbanización nos encontramos a una especie "en peligro de extinción".

Moes cita una frase atribuida a Albert Einstein: "Si la abeja desapareciera, a la humanidad sólo le quedarían cuatro años de vida". Y es que "el 80% de las plantas depende de la polinización y el 40% de nuestra alimentación depende directamente de las abejas".

Las cifras alertan de la situación: en Francia se recolectaron 18.000 toneladas de miel en 2008, frente a las 25.000 de 2004. Y desde 1995, el 30% de las colonias de abejas muere cada año frente al 5-10% tradicional.

El vicepresidente de AsApiStra, Julien Conrath, representa al ciudadano que se moviliza por las abejas: hace cuatro años hizo un curso de formación en Apicultura en la Universidad Popular Europea de Estrasburgo y hoy es propietario de cinco colmenas.

Conrath asegura que la abeja se desenvuelve mejor en el medio urbano que en el rural. "Son capaces de desplazarse a 2 ó 3 kilómetros de la colmena y encuentran plantas para polinizar en parques y jardines".

El ejemplo de su afirmación se encuentra en las tres colmenas situadas en el Ayuntamiento de Schiltigheim, localidad que colinda con Estrasburgo. La última recolección fue de 40 kilos de miel en cada una de ellas, "una cantidad excepcional", según Conrath.

Esas colmenas son fruto de la Operación "La abeja en la ciudad", que ha multiplicado las colmenas en los jardines privados y en terrenos cedidos por el Ayuntamiento.

Moes cuenta la anécdota de padres y profesores de un colegio atemorizados por la existencia de una colmena a pocos metros del centro escolar. Hubo que cambiarla de lugar.

Pero recuerda que la abeja "no es peligrosa y sólo pica si se siente amenazada".

En cambio, "las avispas son más agresivas, porque son carnívoras". Y añade que "las abejas no se interesan por el filete de una barbacoa o por un helado en la terraza y la avispa, sí".

Aunque los ciudadanos lo desconozcan, existen colmenas en pleno centro de París o Tokio, y en ciudades estadounidenses, a pesar de que en EEUU está prohibido.

Para Moes, el resumen de por qué hay que apadrinar abejas es simple: "La abeja es sinónimo de vida".