El Ejército sirio arrasa Hama feudo de la revuelta

La brutal represión que, desde el pasado marzo, lleva a cabo el régimen de Bachar al Asad contra las revueltas populares en Siria perpetró en la madrugada de ayer uno de sus episodios de mayor crudeza.

Tanques militares, enviados por el Gobierno, irrumpieron ayer en las ciudades de Hama, Deir al-Zor y Herak provocando el terror en sus calles
Tanques militares, enviados por el Gobierno, irrumpieron ayer en las ciudades de Hama, Deir al-Zor y Herak provocando el terror en sus calles

Varios tanques del Ejército irrumpieron en la ciudad rebelde de Hama, en el noroeste del país, provocando una auténtica masacre cuyo balance al cierre de esta edición era de al menos 95 muertos. También fueron atacadas las localidades de Deir al- Zor y Herak, donde murieron al menos a otra veintena de personas, según el Observatorio sirio de Derechos Humanos.

 La expulsión hace varias semanas de la mayoría de los periodistas independientes del país dificulta el flujo de información, pero según varios testigos la operación militar en Hama comenzó al amanecer con un fuerte tiroteo. Los tanques atacaron a los civiles «desde cuatro frentes, disparando indiscriminadamente y aplastando los bloques de piedra colocados por los ciudadanos en las calles», declaró un testigo.

Otras fuentes aseguraron haber visto a varios francotiradores en los tejados de algunos edificios y apuntaron que tanto la electricidad como el agua fueron cortadas en los barrios principales de la ciudad, que ya en 1982 sufrió un ataque del Ejército del padre del actual presidente sirio, Hafez al Asad, que se saldó con al menos 20.000 muertos.

Considerada como uno de los focos más importantes de los movimientos contra el régimen, Hama llegó a ser escenario el pasado 1 de julio de una multitudinaria manifestación a la que acudieron cerca de medio millón de personas procedentes de toda la región. Además, la localidad recibió hace semanas a los embajadores de EE UU y Francia en Siria, que respaldaron del derecho de los sirios a protestar, lo que motivó la queja del Gobierno sirio al considerarlo «una injerencia inadmisible».

En vísperas de la festividad del Ramadán, Al Asad parece haber decidido no arriesgarse y, ante el peligro de que se convoquen nuevas manifestaciones masivas, ha vuelto a optar por la violencia para intentar acallarlas. El presidente sirio culpa de las protestas a un supuesto grupo de terroristas, a los que acusa de incitar las revueltas y de matar a 500 soldados y policías.

Tras los ataques en Hama, Deir al-Zor y Herak, donde además fueron detenidas un total de 26.000 personas, se organizaron varias protestas en otras ciudades como Latakia y Idlib, situadas al norte de Damasco, y en el suburbio capitalino de Daraya para expresar su solidaridad con los ciudadanos agredidos. En Idlib, efectivos de la Policía y del Ejército dispararon contra los manifestantes y causaron varias decenas de víctimas, aseguraron los grupos opositores.
También se convocaron protestas en Damasco, donde al menos 42 personas resultaron heridas después de que las fuerzas de seguridad lanzasen bombas con clavos en su interior.

Mientras, en Deir al-Zor, un grupo de 57 militares, incluidos dos lugartenientes y un capitán, se negó a continuar con la operación y se unió a los manifestantes, según informó un testigo a la agencia Reuters.

Por otro lado, las fuerzas sirias arrestaron ayer a Nawaf al-Bashiral, líder de la tribu de los baqqara, una de las principales fuentes de oposición contra el presidente. Horas antes de ser detenido, Bashir, que gobierna sobre más de un millón de baqaruíes, había comunicado su intención de dejar la lucha armada y convencer a los residentes de Deir al-Zor de que recurran a métodos pacíficos de protesta.


Condena de la comunidad internacional
La comunidad internacional ha sido unánime en la condena al Gobierno sirio tras los ataques perpetrados ayer contra la población por parte de su Ejército. El presidente de EE UU, Barack Obama, aseguró que aumentará la presión para aislar al «corrupto» Gobierno de Al Asad, a quien acusó de emplear tácticas de «tortura y terror». El Gobierno francés también expresó su condena con la «mayor firmeza» y pidió al Consejo de Seguridad de la ONU que se pronuncie «fuerte y claramente» sobre el asunto. «Lo que estamos viendo me indigna profundamente», señaló el titular de Asuntos Exteriores germano, Guido Westerwelle, en un comunicado. Mientras, desde Italia, el ministro de Exteriores, Franco Frattini, instó al Gobierno sirio al «cese inmediato» de la violencia contra civiles.