En paradero desconocido

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El etarra Antonio Troitiño Arranz salió de la cárcel de Huelva con lo puesto y unos 70 euros en el bolsillo. Al franquear la puerta de la prisión de Huelva, trató de orientarse y vio una cabina. Se sabe que hizo varias llamadas, una de las cuales debió ser a la emisora de taxis de la ciudad, ya que un automóvil pasó a recogerle. A partir de ahí, no se tienen noticias de su paradero y personas que han tratado de localizarle, no han podido encontrarle en los domicilios del País Vasco a los que pudiera haber acudido.

Según han informado a LA RAZÓN fuentes conocedoras de lo que ocurrió, tras recibirse la orden de la Audiencia Nacional de ponerle en libertad, se le entregaron sus efectos personales, entre los que figuraba el Documento Nacional de Identidad y el dinero que le quedaba en su «cuenta» (para los gastos en el interior de la prisión), que no llegaban a los 70 euros. La sorpresa que supuso la orden de su excarcelación hizo que nadie de su familia o amigos le esperaran a la puerta del centro y que Troitiño tuviera que optar por «buscarse la vida».

Las fuentes consultadas recuerdan que se trata de un terrorista experimentado, al que los años encerrado no han hecho olvidar lo que aprendió cuando estaba en activo en los «comandos Aizkora» o «Madrid». Sabe moverse en cualquier terreno y es probable, dado el poco dinero que llevaba, que pidiera al taxista que le trasladara a algún punto de la ciudad de Huelva u otra población cercana, donde aguardar a alguien que le fuera a buscar.

También se desconoce su reacción ante la noticia, que habrá escuchado, de que la Fiscalía va a recurrir su puesta en libertad. Un individuo como Troitiño podría esperar la decisión última de la Audiencia Nacional en algún domicilio conocido, o en otro que considere más seguro, sabedor de que nadie le puede detener.