Cambio de chip por Gonzalo Alonso

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Aún hace pocas fechas volvía a Madrid la Filarmónica de Viena. Ella representa un modelo organizativo del que no habrá más remedio que tomar ejemplo. Se autogestionan, buscan su financiación, eligen a sus directores titulares… y son conscientes de la realidad en la que viven. Esto es algo a lo que no nos acostumbramos los europeos y en particular los españoles. La crisis que vivimos no es algo que pueda solucionar ningún Gobierno, sea del partido que sea, en un par de años. Hace falta un cambio total de mentalidad. Europa no es competitiva y o es capaz de especializarse en productos de alto valor añadido –los casos de Suiza y países nórdicos– o rebaja sus costes laborales o sus empresas sitúan sus fábricas allí donde éstos sean más bajos y repatria beneficios. No hay más.

Nuestras orquestas son ejemplo de un sector que precisa un cambio de mentalidad. Tuve ocasión de cenar con uno de los profesores más destacados de la agrupación vienesa y de conocer su funcionamiento. Valgan dos ejemplos que revelan la diferencia entre ellos y nosotros. La orquesta, como hace la OSM, atiende su propia temporada sinfónica y al foso de la Ópera de Viena, además de otros conciertos «a medida».

Su plantilla es más amplia, casi 200 profesores, pero trabajan más horas que cualquiera de las nuestras. Sus atriles tienen un promedio de más de un servicio diario. Por las mañanas ensayan sus conciertos y, por la tarde, tocan en la ópera. A nadie se le ocurre «fingir» una enfermedad para no acudir a uno de esos servicios, porque saben que si uno de ellos es baja, otro ha de realizar sus tareas y asumen trabajar aún con enfermedades reales. ¡Qué difícil es pensar que lo mismo suceda en nuestros conjuntos! Aquí prima la picaresca. Aquella que llevaba a duplicar dietas de transporte o alojamiento en las giras: una pareja de músicos viajaban en un coche y compartían habitación, pero liquidaban dietas independientemente. O cambiamos el chip o no tendremos futuro.