El ponente progresista de la Carta Magna

Dejó una impronta de izquierda en el texto, pese a estar en minoría

Me ha impresionado profundamente la repentina muerte de Gregorio Peces Barba a quien conocía desde hacía tiempo. Primero porque tuve la suerte de tenerlo como profesor de Filosofía del Derecho al iniciar mis estudios jurídicos. Cuando ejercía como valiente y eficaz abogado en defensa de los derechos humanos y las libertades públicas en el tardo franquismo, lo que le valió ser detenido y suspendido del ejercicio de la abogacía. Eran los años en los que acaba de afiliarse al PSOE, lo que le llevó a ser elegido diputado por Valladolid en 1977. Gracias a ello logró convertirse en uno de los miembros de la Ponencia que redactó nuestra actual Carta Magna.

Gregorio Peces Barba fue uno de los siete padres de la constitución. De hecho fue el único nombrado por el PSOE en unas Cortes constituyentes que dominaba ampliamente la UCD, lo que explica que en la Ponencia que elaboró el anteproyecto constitucional tuviese tres representantes: Gabriel Cisneros, José Pedro Pérez-Llorca y Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón. También estaban Miquel Roca, Manuel Fraga y Jordi Solé Tura.

A pesar de encontrarse en minoría, Gregorio Peces Barba realizó un gran trabajo en el seno de la Ponencia. No lo tuvo fácil porque no siempre estaba en sintonía con el número dos de su partido, Alfonso Guerra, que es quien negociaba por encima de él con el entonces vicepresidente del Gobierno Fernando Abril Martorell. Como tampoco debió de ser un plato de gusto para este fino y sólido intelectual que el PSOE se hubiese negado en rotundo a incluir en la Ponencia a Enrique Tierno Galván, como castigo a su negativa a integrar el PSP, y designase a Solé Tura en vez de incluir un representante vasco, lo que fue un grave error.

A Gregorio Peces Barba le tocó defender los intereses de la izquierda, de la misma manera que a Manuel Fraga le toco defender los de la derecha. Algo que Peces Barba hizo con manifiesta rotundidad ya que llegó a retirarse de la Ponencia para forzar la admisión de sus propuestas en cuestiones esenciales como la forma del Estado y su organización territorial. Al final gracias a la intervención del pragmático Miquel Roca y del posibilista Solé Turá, que siguiendo la línea de Santiago Carrillo defendía el consenso por encima de todo, la ponencia siguió adelante y el texto pactado se convirtió en nuestra Carta Magna. Gregorio Peces Barba fue sin embargo quien dejó en la carta magna la impronta de la izquierda y logró que en unas Cortes constituyentes de derechas nuestra Constitución fuese un texto progresista.

Su constante defensa de la Constitución prosiguió además, cuando en la primera legislatura socialista se convirtió en el presidente del Congreso de los Diputados, cargo desde el que logró consolidar el pleno desarrollo del espíritu constitucional y cerrar la decisiva etapa de la Transición. Al menos tuvo el privilegio de vivir los mejores años de la historia de nuestra democracia.

Tras veinte años como político ejerciente, el diputado se reintegró a las aulas y fundó la Universidad Carlos III que hoy sin duda se ha convertido por méritos propios en una de las referencias de la universidad española. En sus más de veinte años como rector volví a coincidir con él numerosas veces y a disfrutar de su entusiasmo y su erudición.

 Gregorio Peces-Barba nos deja a los 74 años. De forma sin duda prematura. ¿Quizá no ha podido soportar la deriva de ese sueño constitucional que contribuyó tan decisivamente a forjar? Pero más allá de la pena que siento por el afecto personal que me merecía, lamento que España pierda a un estadista ilustrado, cuya visión y perspectiva nos harían mucha falta para salir de la penosa tesitura en la que nos encontramos.
Hasta siempre, Doctor Peces Barba.

 

Bruno Aguilera
Catedrático de Historia del Derecho