Vargas Llosa: «Si este Nobel es por defender la libertad bienvenido sea»

Mario Vargas Llosa recibe el máximo galardón de la literatura «por su capacidad de cartografiar las estructuras de poder en su obra», dice el jurado. El premio sorprendió al novelista en Nueva York, donde habló de literatura, poder y política.

Vargas Llosa hoy en Nueva York
Vargas Llosa hoy en Nueva York

En español y en inglés, aceptando los sitios comunes que imponía la situación, pero rehuyendo los lugares típicos. Mario Vargas Llosa, con la sorpresa del Premio Nobel de Literatura todavía resplandeciéndole el rostro, recordaba a Carlos Barral, «poeta y editor que me publicó mi primera novela hace cincuenta años, que dio la batalla para librar la censura franquista, que fue en mis comienzos un apoyo imprescindible». El novelista insistía en que ahí debían estar todas las personas que le han ayudado a convertir el sueño de un escritor en realidad. «Carmen Balcells, amiga a la que debo tanto por difundir mis libros». Pero el escritor advierte: «No es un galardón sólo a un escritor, sino a una lengua maravillosa, que hablan quinientos millones de personas y que une a tantos países. La lengua en la que escribo y que tiene tanta energía, y es tan moderna y creativa. Se lo debo a América Latina y a España, que me dio el apoyo como escritor gracias a sus editores españoles». Pero las cortesías terminaron pronto y enseguida surgieron las preguntas más incisivas: ¿un castigo a Hugo Chávez, a Cuba? «Éste es un premio literario y espero que me lo hayan dado por mi obra y no por mis ideas políticas. Pero si ha sido por defender la democracia, la libertad, por mis ideas políticas... pues bienvenido sea también».


De madrugada
La noticia del galardón lo sorprendió a las cinco y media de la mañana. Estaba leyendo un libro de Alejo Carpentier. Preparaba una clase para la universidad de Princeton. Su mujer le tendió el teléfono. «Sentí angustia porque las noticias al amanecer son siempre malas», comentó. Alguien, a quien apenas entendía, le hablaba. Escuchó «Swedish Academy». «Por supuesto se cortó la llamada. Pero volvió a los cinco minutos. Me señaló que me habían dado el Nobel y que lo harían público en un cuarto de hora. Pensé que era una broma. Me acordaba de que a Alberto Moravia le habían hecho algo así. Un anónimo le anunció que había obtenido esta distinción. Comenzó a celebrarlo y después resultó que era mentira. Por eso le comenté a mi mujer que todavía no se lo dijera a nuestros hijos hasta que realmente se confirmara. Después comenzó toda esta locura».

Detrás de un haz desorganizado de micrófonos de variadas clases, Vargas Llosa fue desgranando el día, que había comenzado muy temprano para él, las anécdotas que le habían sucedido y respondiendo a las preguntas que le hacían a su alrededor en el Instituto Cervantes de Nueva York.

Prefirió no entretenerse en una que le dirigieron sobre Gabriel García Márquez y las palabras que supuestamente le ha dedicado en Twitter: «Cuentas iguales» (luego desmentido porque el colombiano no tiene, al parecer, cuanta en Twitter). Él no lo dudó: «Ha sido muy cariñoso felicitándome. Le estoy muy agradecido, pero no hay que hablar de eso ahora», contestó. Y enseguida empezó a hablar de su obra: «Soy escritor, pero también soy un ciudadano con ideas y una ética sobre los probemas sociales. Y soy muy crítico con las dictaduras. Defiendo el progreso de la civilización y la democracia, aunque no sé qué ideas de todas estas impregnan en concreto mi obra».


Izquierdas y derechas
Vargas Llosa insistió en estos aspectos poco después al hilo de una cuestión: « Este premio es un reconocimiento al mundo del que vengo, al mundo de la lengua española. Escribo sobre las cosas que me estimulan. La defensa de la opción liberal y la crítica a todas las ideologías que creo discriminan u obstaculizan las posibilidades del diálogo. Soy optimista sobre el futuro de América Latina. Ahora existen muchos menos dictadores. Hay gobiernos de izquierda y de derecha que son democráticos. Eso es una gran novedad respecto al pasado. Antes la izquierda era revolucionaria y la derecha no creía en la democracia. Ahora, Brasil y Uruguay son de izquierdas y respetan la democracia. Hasta promueven economías liberales. Y Chile, Perúa y Colombia son de derecha. Lo que supone un retroceso es Venezuela o Cuba. Pero estas corrientes autoritarias ya están de salida», comentó.

En este punto también quiso contrarrestar los tópicos que existen sobre los latinoamericanos: «Muchas veces se les relaciona con dictaduras y revoluciones, pero vemos que estos países también pueden producir artistas, pintores, escritores y premios Nobel. Pero está adquiriendo un tipo de ciudadanía dentro del mundo».

El autor de «La fiesta del chivo» alternó en la conversación literatura y política; ficción, imaginación y compromiso. Los dos filos que dividen y unen su obra. Pero no evitó dar una visión humilde de su oficio, del trabajo que le ha llevado a lo más alto de las letras universales. «A los escritores jóvenes no necesitan que les den consejos. Aprenden ellos solos, a veces cayendo, tropezando. Lo que hay que decirles es que es una hermosa vocación. Pero también que supone mucho esfuerzo, disciplina y empeño. Pocos novelistas escriben por inspiración. Lo que hace una obra es la transpiración. El sentido autocrítico y la voluntad, que es lo que admiramos».

Vargas Llosa regresó al vínculo que une la literatura, libertad y la política. Un nexo clave. Pero lo hizo desde su firme convicción de que hay que arraigarla en los jóvenes. «Creo que la literatura es importante. Hay que estimularla entre las nuevas generaciones. Hay que enseñarles que la literatura no sólo es conocimiento, una manera de adquirir ideas, conceptos. También es un placer. Uno incomparable. La literatura es fundamental si queremos tener un futuro de libertad. Es fundamental para formar un carácter crítico. Por eso, las dictaduras intentan enseguida controlar la vida literaria de un país, porque es una semilla de la crítica. Representa un peligro al poder. Unos ciudadanos sin literatura son más fácilmente manipulables. No es sólo un goce. También es una manera de pluralismo democrático».


Recepción del Nobel
Vargas Llosa reconoció que todavía no sabe el tema que concentrará en el discurso de recepción del Premio Nobel de Literatura que tendrá que leer. Ni siquiera tiene una idea vaga de cómo será sentarse a escribir al día siguiente de recibir el galardón y si se le agarrotará la mano, pero no disimuló la satisfacción por haber sido seleccionado. «Tengo 74 años. Este reconocimiento no me va a cambiar en lo esencial. Ni mi orientación, ni mis ideas ni mis ilusiones. Mi vida sí se va a complicar un poco a partir de ahora, pero bueno. Y sí, por supuesto, voy a ir en diciembre», señaló. El autor de «Conversación en la catedral» y «La casa verde» reconoció que la «mejor manera que tengo de promocionar el español es escribiendo lo mejor que puedo». Una observación que le hizo sonreír a él y a los periodistas, debido a que ayer recibía el mayor galardón literario.



Suecia dijo sí
- Parecía que se lo iban a negar. Se hablaba de cuestiones políticas, de su compromiso con las ideas liberales, pero esas han sido las razones esgrimidas por la academia sueca para concederle el Nobel. El secretario de la Academia, Peter Englud, se presentó ante los medios en una secuencia conocida. Asomó tras la puerta blanca de remates dorados y anunció la concesión del premio al peruano «por su cartografía de las estructuras del poder y sus afiladas imágenes de la resistencia, rebelión y derrota del individuo». Es decir, la imagen del escritor comprometido que tanto gusta a la academia. Englud le había notificado al escritor el fallo. «Llevaba desde las cinco de la mañana trabajando», contó Englud. El escritor estaba «conmovido y entusiasmado». Las letras en castellano volvieron a ser reconocidas por el Nobel, veinte años después del último escritor en español, Octavio Paz.