Grace Kelly la princesa de hielo

Grace Kelly arrastraba una incierta rumorología que trascendía esa imagen perfecta, de mujer de alabastro que la convertía en una mujer terráquea, volcánica, impetuosa y, por tanto, humana. Una leyenda que la alejaba de esa presencia de hielo, de chica tan «Hitchcock», que da cuando se le repasan las fotografías del álbum

 
 

Aunque resultaran unos cotilleos nada principescos y, sin duda, nada verificados, desde luego la hacían razonablemente más mortal y cercana, más Hollywood, que en el fondo es lo que gusta, y, de paso, sacaba a relucir otros nombres de la meca del cine. Donald Spoto, que ya dio cuenta de esa vida en picado que fue la de Marilyn Monroe, ha trazado el retrato de la actriz en una biografía amable, respetuosa, algo aséptica, prudente, puede que tristemente real, que desmonta el mito que todos habíamos visionado y asumido para ofrecernos una imagen distinta que de tan perfecta resulta pavorosa. La descripción de una chica guapa que «no bebe, es educada, vocacional, esforzada, reservada, tímida, encantadora, prudente, graciosa, fuerte, amable, bella, discreta, disciplinada, independiente, que le gusta el teatro más que el cine, rehúye de las tentaciones de Hollywood y que para nada es temperamental o caprichosa». Tanta perfección en un solo individuo asusta, por no asegurar que acomplejaría a cualquiera que se acercara a su vera, a no ser que se tengan ganas de sufrir. El problema queda patente en el prólogo, claro: «Donald, lo mejor sería que esperaras a que hubieran transcurrido veinticinco años de mi muerte para contarlo todo». Spoto cumple eso de que jamás se debe escribir la biografía de un amigo, si uno no está predispuesto desde el principio a perder la amistad. Como la protagonista murió en accidente de tráfico en septiembre de 1982, lo que hace es rendir homenaje a la amiga ida, lo que honra al autor, claro.

 El libro traza el recorrido de una muchacha que nació en una familia de la alta sociedad de Filadelfia y que terminó convirtiéndose en princesa de esa tierra que es Mónaco. Para los americanos, que siempre han sentido una extraña, y casi infantil fascinación hacia las monarquías de las que prescindimos ya los europeos, la evolución debe ser como de cuento de hadas. Es probable que hasta Grace Kelly, cuando conoció al príncipe Rainiero en mayo de 1955, sintiera esa cosa de la predestinación. A lo mejor pensó que ser algo en ese país minúsculo le daría más «glamour» que ser diva con Oscar en Hollywood, que es la meca de los sueños actuales. No reparó en que las niñas de hoy, como diría Sabina, ya no quieren ser princesas, sino actrices y vivir amores intempestivos entre una botillería de ginebra.

El autor rebate romances que antes se le habían atribuido sin justificación. Nada con Gary Cooper ni con Clark Gable. Aunque recoge una declaración de Ava Gardner, «el animal más bello del mundo», que también participó en el rodaje de «Mogambo»: «Estaba claro que Clark echó el ojo a Grace, y ella a él. Los dos estaban solteros en aquella época, y que una mujer se enamorara de Clark era de lo más natural». Y añade que Grace estaba allí «en África, rodeada de aquella fauna y flora tan exótica... y Clark, fuerte y sonriente, totalmente a sus anchas, hizo que se enamorara de él». Pero todo quedó en una amistad, asegura Spoto, que, afirma, no hay pruebas para decir lo contrario. Lo mismo ocurre con el protagonista de «El crimen perfecto». De Cary Grant, con quien protagonizó «Atrapa a un ladrón», ni una palabra al respecto, aunque sí se admite el «affair» con William Holden, ese conquistador que acabó muriendo solo y borracho. La realidad ha desmontado el mito por el lado más pulcro que, bien mirado, por una vez, tampoco está mal. Al final, Grace Kelly se casó con Rainiero, y esa historia más o menos se conoce. Pero cuando una muchacha con un aspecto tan distante entra en la realeza, siempre se recordará aún más distante.


El Oscar, su triunfo más triste
- Grace Kelly recibió el Oscar por su interpretación en «La angustia de vivir», en 1955. Un reconocimiento temprano de una actriz que tampoco rodó demasiadas películas, aunque entre ellas están «Solo ante el peligro», «El crimen perfecto» y «La ventana indiscreta». La noche que recibió el premio, sin embargo, y según reconoció la estrella, fue uno de los más tristes de su vida.
- Las ganas de formar una familia y tener hijos fue una de las prioridades de la actriz. Contrajo matrimonio con Rainiero. Estuvo vinculada a él hasta que perdió la vida en un desafortunado accidente de tráfico (arriba en su despacho en Mónaco).
- Alfred Hichcock dirigió a la actriz en tres películas, igual que Ingrid Bergman, y quedó prendado de ella, como reconocieron amigos cercanos al director, quien siempre dijo que la descubrió. En la imagen de arriba, la intérprete junto al realizador en un homenaje que se le dedicó a él el Lincoln Center Film Society en abril de 1974.