Asad se enroca y no hará reformas «bajo presión»

Tres meses después del comienzo de las protestas en Siria, el presidente Bachar al Asad se dirigió ayer a la nación en un discurso que llega demasiado tarde y no es suficiente.

Al Assad se dirigirá al mediodía a la nación
Al Assad se dirigirá al mediodía a la nación

El mandatario prometió seguir adelante con las reformas que ya anunció anteriormente y que no han sido puestas en práctica, y de nuevo no ofreció detalles sobre las mismas ni las medidas concretas que adoptaría, sino más promesas vagas sobre cambios electorales y constitucionales, que serán estudiados por un grupo de 100 expertos, en el que se incluirá a la oposición.

 


Asimismo, ofreció un diálogo nacional a sus oponentes, que lo rechazaron tajantemente tanto en las calles como a nivel político, sobre todo después de las más de 1.300 personas muertas desde mediados de marzo . La alta representante de la Política Exterior de la Unión Europea, Catherine Ashton, calificó de «decepcionante» el discurso y Estados Unidos pidió al líder sirio «acción y no palabras». Poco después de su discurso, miles de personas salieron a la calle en las principales ciudades del país al grito de «mentiroso» y «asesino», y para pedir una vez más el fin de su régimen. Sus fuerzas de seguridad respondieron con violencia, atacando a los manifestantes, llevando a cabo arrestos arbitrarios y asediando a la población de varias localidades, que quedaron bloqueadas para evitar que tuvieran lugar más protestas, tal y como denunciaron los activistas y ONGs.

 


A pesar de haber fingido tender la mano a sus oponentes, éstos sospechan que Asad no tiene ninguna intención de permitir una transición y sólo busca aferrarse al poder, «ganando tiempo a costa de la sangre de los sirios», denunciaba ayer un comunicado de los Comités de Coordinación Locales, que agrupan a las fuerzas políticas y grupos ciudadanos prodemocracia de Siria. En su discurso, largo y con un lenguaje vago, técnico y confuso, Asad dio una de cal y otra de arena, y aunque admitió que algunas de las demandas de los manifestantes son legítimas, culpó de la actual crisis que vive Siria a «saboteadores», «bandidos» y «vándalos».

 


Siguiendo con el discurso oficial mantenido hasta ahora, el presidente sirio dijo que grupos armados están causando el caos en el país y ha respaldado la actuación del Ejército, que está defendiendo a la población y no atacándola, tal y como denuncian los propios sirios, por ejemplo, aquéllos que han huido a Turquía en las pasadas dos semanas.

 


Asad les pidió que volvieran, a pesar de que los militares siguen asediando la región del norte del país. El presidente dijo que detrás de la matanza hay «terroristas», armados no sólo con kalashnikov sino con tecnología de última generación, en referencia a los teléfonos móviles gracias a los cuales se están captando imágenes y testimonios de lo que ocurre dentro de Siria, donde la prensa internacional no puede acceder. Según Asad, esto demuestra que la revolución siria está organizada y financiada por poderes externos y grupos extremistas.

 


En un truco recurrente, el presidente sirio echó mano de las teorías conspiratorias, asegurando que Siria es víctima de un complot internacional y apuntando a los intereses de los países occidentales. Asad aseguró que las autoridades están buscando a unas 64.000 personas, supuestamente responsables de la violencia que vive el país, aunque reconoció que la situación es grave e histórica. Por último, pidió a los sirios que miren hacia el futuro y que permanezcan unidos, que olviden los crímenes del régimen de los últimos meses y vuelvan a su vida normal.