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Qué difícil es estar a tu altura por Santiago Segura

Soy un hombre afortunado, me considero amigo de Ignacio Fernández, el que dice ser y llamarse Tony Leblanc. He pasado de ser rendido admirador de sus facetas de actor, cómico, humorista y cineasta a tratarle como a alguien de mi familia, a aprender de él, no sólo de la profesion, que también, sino lecciones de vida; por su coraje, por su entusiasmo, por su constante ingenio y talento, por su cariño y amor hacia Isabel (queridísima Isabel, su mujer y compañera) y sus hijos.

Tony con 90 años tiene más fuerza, carisma y personalidad que la mayoría de personas con la mitad de edad, grupo en el que me encuentro, a pesar de que al hablarle por primera vez de su papel en Torrente, Tony me dijo: «Santiago, muy mal me tienes que ver para pedirme que haga de tu padre» (frase que a día de hoy no se si se debía a su permanente sentido del humor o directamente a mi deterioro físico).

Él es para mí el perfecto ejemplo de artista completo, apreciado y querido por su público, escritor, director, bailarín, cantante, productor... En la década de los 50, 60 y principios de los 70 fue un auténtico número uno por derecho propio en cine, teatro y televisión. Uno de los más grandes, lo ha hecho todo y podría estar sentado en un sofá reviviendo los laureles del pasado. Pero no, ése no es mi Tony, él tiene decenas de proyectos; un libro de poesía a punto de publicarse, varios formatos de televisión, guiones, letras de canciones, ideas, ilusiones. Los años que ha ido coleccionando le han dado fuerza en vez de echársele encima, y Tony ya me presiona para que le escriba en «Torrente 5» un papel con «carne». Qué difícil estar a su altura.

Felicidades a la leyenda, pero sobre todo, felicidades al amigo. Un abrazo fuerte, Tony.