Italia entre la vergüenza nacional

La jueza concluye que el capitán vio cómo se hundía el barco desde tierra y el fiscal lo considera imperdonable

Desde el viernes pasado, Francesco Schettino, el capitán del «Costa Concordia», se gana a diario el título de persona más odiada, a medida que avanzan las investigaciones del naufragio y porque se filtran sus polémicas declaraciones. Si el martes se hacía público que Schettino reconocía «haber salvado a cientos, a miles de personas», ayer fue su propio abogado quien no le ayudó. Bruno Leporatti afirmó que «no hay dudas» de que su cliente llevó a cabo una maniobra equivocada al frente del crucero, aunque lo que peor ha sentado a los más de 4.000 afectados y a los familiares de los 11 muertos y 21 desaparecidos, es que Leporatti niegue que Schettino sea un cobarde, sino todo lo contrario. Es precisamente el abandono del crucero, en un momento crucial, una de las acciones que más le deshonra. «Estuve en el agua hasta las 12:30», cuenta Jorge Peña, quien saltó desde el barco. «En cambio el capitán llevaba ya más de una hora seco y en tierra firme». Peña está en lo cierto; la jueza Valeria Montesarchio, quien el martes por la tarde dictó el arresto domiciliario de Schettino, concluyó después de interrogarle que el capitán permaneció sobre una escollera de la isla italiana de Giglio mirando cómo se hundía la embarcación que había abandonado antes de que concluyera la evacuación. Según Montesarchio, durante el interrogatorio en el Tribunal de Grosseto, el capitán admitió «el acercamiento a 0,28 millas de distancia de la costa». Para el fiscal,Francesco Verusio, ese error es imperdonable. «Es evidente e indiscutible la grave evidencia e incompetencia que ha conllevado la conducta de Schetttino», explica la jueza, que añade que el capitán testimonió que el abandono no fue «voluntario», sino que, por las condiciones en las que se encontraba, era «necesario». Con más ironía, las redes sociales se dedicaron ayer a criticarle. Miles de personas en Twitter concluían que la nueva frase para excusarse «ya no será ‘el perro me comió los deberes', ‘tengo algo en el horno' o ‘no es lo que parece' sino: ‘me caí en una lancha'» como reconoció el propio Schettino al verse dentro de un bote salvavidas. #mecaíenunalancha fue ayer Trending Topic en España.

Mientras, los buzos de la Policía militar italiana señalaban ayer que estaban casi 100% seguros del lugar del impacto del «Costa Concordia»: a 30 metros de la costa de Giglio, a 10 metros de una gran roca con un saliente en el mar, a ocho metros de profundidad... «Al pasar tan cerca de estas rocas hizo que la colisión fuera prácticamente inevitable», asegura el jefe de los Carabinieri. Schettino se ha convertido en la vergüenza nacional en Italia y tanto la opinión pública como los medios coinciden. Un editorial de «La Stampa» argumentaba que Schettino «ha llenado el vacío de desgracia y mentiras que había dejado Berlusconi». Sin embargo, la actitud del capitán no es nueva y las maniobras de acercamiento peligroso o «reverencia a la población de una isla» –según el capitán– tampoco lo son. En una entrada del blog de la compañía Costa Cruceros, de septiembre de 2010, se puede leer cómo se alabó el saludo de Schettino a la población de la isla de Procida, como comandante del «Perfumes del Mediterráneo» el 30 de agosto. «Es una gran emoción no sólo para los habitantes de Procidani sino también para los turistas presentes que fueron saludados a lo grande con aplausos, pancartas, música, trompetas y vuvuzelas».

 

Rumbo a la isla de Giglio
El crucero «Costa Concordia» partió de Civitavechia el viernes 13 de enero rumbo a Savona en la que sería su última parada. Esa misma ruta la hizo hace cuatro meses con Diana Rodríguez Pretel a bordo. «Vimos a lo lejos la isla de Giglio, pero, afortunadamente, no pasamos», reconoce Rodríguez, quien no cree que fuera lo habitual. El capitán era el mismo y en el parte del día para los pasajeros se puede leer: «Sobre las 21:10, dejaremos a nuestra izquierda la isla de Giglio». Sin intención de acercarse.