«Retornos» un «western» a la gallega

Luis Avilés Baquero debuta en el largo con «Retornos», un drama rural que combina con el thriller

«Retornos», un «western» a la gallega
«Retornos», un «western» a la gallega

Hablamos por teléfono horas antes de que asista a la «première» de la película en Coruña. Él, que si está nervioso lo disimula con el acento, es de allí, tanto como «Retornos», donde llueve verde y seguro que hace frío y un hombre que regresa intenta olvidar la desaparición de una mujer que no era la suya. Pero hay más. Más muertes.

–Seguro que no es un tópico, que dirigir la primera película parece un calvario.
–En efecto, se trata de una carrera de fondo, y debes tener siempre claro lo que quieres hacer. Además de contar con un entorno de familiares y amigos que estén por la labor. Yo me inyectaba dosis de ilusión a cada rato. Moví este proyecto siete años y tres meses antes de empezar la película, no sabía sin la rodaría o no... Resulta fundamental la paciencia, tener fe en la idea y desarrollarla como si, de verdad, fuese a convertirse en película...

–En el filme no hay tópicos, ni tipismos, pero sí algo profundamente gallego al fondo. Y en todos ellos.
–El guión pedía ese clima, esos paisajes y colores. Porque la trama se desarrolla no sólo con los diálogos, también con gestos, miradas... La evolución de los protagonistas es más interior que hacia afuera.

–«Retornos» arranca como un drama rural, pero luego comienza a transformarse...
–Sí, por un lado es intimista y, por otro, un «thriller». En tanto espectador, ves a personajes de verdad, con fondo. Y, por otro lado, posee una parte más comercial, de entretenimiento, para enganchar al público. Creo que el suspense está muy bien hilado, de manera que, al meter ciertos giros, y como la cinta posee una base bastante real, el tema funciona.

–Y, sin embargo, numerosos directores españoles dan la impresión de que no saben que pueden combinarse ambas maneras de entender este arte.
–El cine es cine, depende de quién haga la película yo he realizado la que me gustaría ver en una sala.

–Álvaro, el protagonista, recuerda a ciertos personajes del cine clásico, fatalistas, silenciosos, heridos por el pasado.
–Confieso que la cinta tiene algo de «western», de esas historias de vaqueros con la soledad y la carga de culpa encima. Álvaro, que sin embargo no es un héroe al uso de ese género, busca el perdón, y regresa a un entorno hostil. Si hablaba mucho debía ser bien, lo que tuve presente era el carácter gallego. La gente tiende más a desarrollar una vida muy interior. Y Álvaro tiene mucho de eso, de evolución hacia adentro, hasta que reflexiona y toma una decisión, no ayudado por las palabras, sino cambiando.

–La cinta también trata el tema de la prostitución, aunque no sea el asunto fundamental de la misma.
–Mientras nos documentábamos para hacer la película me topé con diferentes tipos de clubes, pero todos poseen algo en común, la sordidez, y un clima extraño. Me interesaba, no retratar a prostitutas, sino a mujeres que acaban relacionadas con la historia. Sin «glamour», detesto eso. Intenté darle un punto de objetividad: sin embargo, resulta difícil siempre. Y huir de los tópicos, de ahí que una sea española, porque no es cierto que todas vengan de fuera. Y también eludí referirme a las mafias, algo que existe, jóvenes privadas de libertad; pero otras no, hay también chicas autónomas a las que, si les va mal en un sitio, se marchan a otro, y en Galicia vi numerosos casos.