No es momento por Raimundo GARCÍA

La Razón
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El próximo 1 de julio regresamos al límite de velocidad máxima de 120 km/h en autopistas y autovías. Después de cuatro meses de vigencia del límite de 110 km/h, es inevitable hacer un balance provisional de la medida. En su momento ya habíamos dicho que fue ésta una medida adoptada al margen de nuestros socios de las Unión Europea, que afectaba directamente a la movilidad y a la seguridad vial, si bien no entrábamos a valorar la urgencia de su necesidad motivada por imperativos energéticos, tal y como se argumentó desde el Gobierno. Transcurrido el tiempo de vigencia de estos 110 km/h, y desde el punto de vista estricto de seguridad vial, faltan por ver las cifras definitivas de la siniestralidad a 30 días, pero todo parece indicar que fue poco lo que aportó. Quizá haya servido para estudiar la evolución de la siniestralidad de los vehículos industriales ligeros, cuya accidentalidad debió disminuir con esta reducción de velocidad, y así aportar este resultado al debate abierto en Europa sobre la instalación de limitadores de velocidad a estos vehículos. Pero quizá elegir este momento de inicio del que alguien llamó «éxodo vacacional», donde las carreteras registran las mayores intensidades y densidades de circulación del año, no sea del todo oportuno y tenga un efecto pernicioso colateral. Una adecuada gestión de la Seguridad Vial implica fijar los límites de velocidad de una forma racional, aceptable para los conductores (limites asumibles) y estables en el tiempo. Para ello es preciso atender a las características de trazado de las vías, que inducen unos factores específicos de riesgo que, a medio y largo plazo, se traducen en un historial de siniestros. El equilibrio es una necesidad funcional del sistema de tráfico, y éste se consigue con una adecuada relación entre densidad, intensidad y velocidad de circulación. Cada día se hace más patente la necesidad de entender la seguridad vial como «el estado de bienestar saludable en el libre y autónomo uso de calles y carreteras» y por tanto, gestionar la movilidad y, en este caso, la velocidad con criterios objetivos, estableciendo una metodología que permita fijar un límite de velocidad adecuado para cada tramo de carretera; un límite que dependa de las características técnicas del tramo y de las circunstancias del entorno y de la circulación, asociándose las nociones de velocidad y de riesgo.
Entre tanto, seguiremos con planteamientos propios de la pseudociencia, de mitos y de leyendas.


Raimundo García
Pte. de la Asociación Española de Accidentología Vial