El Atlético en venta

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Ala tormenta desatada por Agüero, decidido a romper el vínculo que le une al Atlético de Madrid, el club ha remitido a los 45 millones de la cláusula de rescisión y ha respondido con el fichaje de Gabi, traspasado al Getafe hace cuatro años y máximo goleador del Zaragoza, que ha rozado el descenso esta temporada. El Atlético tenía un plan antes de que el «Kun» destapara la caja de los truenos y ocultara que se quiere ir al Madrid. Con los «fichajes» de Tony Muñoz, Kiko y Antonio Sanz, porque Aguilera y Pantic ya estaban cerrados, pretendía lavar la cara al club, situarlo en una rampa de lanzamiento propia del siglo XXI y, a continuación, venderlo. El paso atrás de los veteranos, que no ignoraban el porvenir, que vibraban con la posibilidad de organizar un atractivo proyecto y un equipo vencedor, va a retrasar la venta, que no estaba prevista para pasado mañana, hasta obtener lo que en principio se perseguía: una imagen poderosa e inmaculada, acorde a una afición entregada, y un estímulo inequívoco para posibles inversores, ya sondeados, por cierto. Pero el Atlético es tan suyo que en horas 24 es capaz de transformar el paraíso en el infierno. Que el Tribunal de Cuentas de Málaga haya condenado a los herederos de Jesús Gil y Gil a devolver 105 millones por la gestión del finado en el Ayuntamiento marbellí, no afecta al Atlético, pero sí al patrimonio de los Gil Marín. Ahora que el futuro está en vía muerta, el banderín de enganche es Rafa Benítez, una ilusión con cinco años de contrato.