«El día de la Marmota» por Blanca Basiano

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Como si del mismísimo Bill Murray se tratase, tengo la sensación de vivir atrapada en un bucle. ¿Sobre qué? La respuesta es tan sencilla como dolorosa: ETA. Que la banda sigue activa y está intentando reorganizar su desbaratado aparato logístico está más que acreditado. La maltrecha cúpula se atrinchera e intenta hacer acopio de «víveres» por lo que pueda pasar si es que este «cese definitivo» no les sale tan rentable como pensaban. Llámenme desconfiada, pero no acostumbro a creerme las promesas de un terrorista. Ya se sabe que tan pronto deciden dejar de matar como hacer saltar por los aires un parking de cuatro plantas.

Sería de ilusos pensar que, en estos meses de asueto, los terroristas que quedan se están dedicando a la vida contemplativa. A los etarras no les gusta estar en paro. Es lo que tiene tener un «trabajo» vocacional… Mientras la banda siga existiendo, sus miembros y allegados continuarán haciendo de las suyas. Ya sea robando, preparando una nueva base, captando o recaudando fondos a modo de aguinaldo. Las últimas detenciones dan buena cuenta de ello. Ni los tres etarras arrestados la semana pasada estaban de turismo por Francia, ni creo que Ernesto Prat, esposado ayer en Urrugne, haya dedicado estos cuatro años de fuga a componer canciones y a tocar la trompeta por los pueblos franceses, por muy bien que se le dé. El Estado de Derecho, como dice Rajoy, «no está en suspenso». Mientras ETA no decida disolverse y entregar las armas, algo que, como publicó este periódico, no parece estar entre sus prioridades, seguiremos viviendo nuestro particular «día de la Marmota».