Podrá defenderse Kabul sin las tropas internacionales

El espectacular asalto «fedayín» al lujoso y bunkerizado hotel Intercontinental de Kabul demuestra que a las fuerzas de la OTAN aún les queda un largo camino por recorrer para salir del avispero afgano.

La Policía afgana toma posiciones y rodea el hotel para preparar la toma del establecimiento, en una imagen de la televisión afgana
La Policía afgana toma posiciones y rodea el hotel para preparar la toma del establecimiento, en una imagen de la televisión afgana

El objetivo de los talibán es obstaculizar lo máximo posible el traspaso de la seguridad a las fuerzas afganas.

Tras burlar los controles de seguridad, un comando de siete insurgentes, armados con granadas, rifles y chalecos con explosivos, penetró la noche del martes en el exclusivo edificio de seis plantas, situado en lo alto de una colina al oeste de la capital, y comenzó a disparar contra huéspedes y trabajadores. Durante más de cinco horas se produjo un intenso tiroteo entre los atacantes y las fuerzas de seguridad afganas, apoyadas por helicópteros de la OTAN, que terminó con la muerte de nueve insurgentes, dos policías afganos y al menos 10 civiles –nueve afganos y el piloto mallorquín Antonio Planas–. Desgraciadamente, Planas –que trabajaba para una compañía aérea turca– se encontraba descansando en el hotel porque su vuelo hacía una escala en Kabul. Un portavoz del Ministerio del Interior, Najibulá Naikzad, declaró a la agencia de noticias Pajhwok que el noveno terrorista suicida había permanecido escondido en el hotel, cuando se creía que todo había terminado. Fue él quién acabó con la vida del piloto español y de los dos policías afganos al detonar sus explosivos cinco horas después.

Cinco de los insurgentes hicieron estallar la carga explosiva que portaban encima y los otros fueron abatidos a tiros. El ataque fue perfectamente planeado, ya que en ese momento se hospedaban altos funcionarios afganos y extranjeros que iban a participar en un encuentro sobre la transferencia de seguridad a las tropas afganas.

El asalto talibán pone a prueba la dudosa profesionalidad y preparación de la Policía afgana, formada por la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF). Precisamente, Kabul es una de las siete áreas que van a pasar al control de los afganos a partir de julio. También lo es Herat, en donde las tropas españolas sufrieron un ataque hace dos semanas, que dejó tres soldados heridos.

La realidad es que cada vez más insurgentes se infiltran en la Policía o en el Ejército para cometer atentados. Estos ataques que hasta principios de año eran esporádicos, se han incrementado en los últimos meses.

La situación de la seguridad en Afganistán es alarmante y no sólo preocupa a la misión de la OTAN sino que el propio Gobierno afgano ha advertido que los ataques de los insurgentes son cada vez «más frecuentes y sofisticados». El tiempo corre en contra de las tropas extranjeras y abre nuevos interrogantes sobre si se debería replantear la estrategia de la OTAN en el país ante la falta de capacidad de las fuerzas afganas para asumir la seguridad. Obama afirmó ayer que el atentado contra el hotel Intercontinental demuestra que «los talibán siguen activos» y que «Afganistán es un lugar peligroso».


ÚLTIMA NOCHE EN KABUL
«Llevaba la aviación en las venas»
Era su último día con la aerolínea turca Saga. En el momento del atentado, Antonio Planas, de 49 años y origen mallorquín, se encontraba en el hall del hotel, listo para trasladarse al aeropuerto, volar hacia Palma y reencontrarse allí con su mujer y su hija de nueve años. Quería dormir en casa antes de trasladarse a Dubai para comenzar a trabajar, a partir del 1 de julio, en una aerolínea de ese país. Tenía el título de piloto de aviación desde hacía sólo ocho años pero «llevaba la aviación en las venas, ya que era su pasión», aseguró un portavoz de la familia.


Un hotel víctima y testigo de cien batallas
El hotel Intercontinental de Kabul es lo más parecido a una fortaleza. En el interior de este edificio emblemático –alojamiento de ricos y dirigentes políticos en el pasado– se celebraba una reunión de 300 oficiales afganos y extranjeros para debatir el traspaso de poderes, cuando un comando talibán irrumpió por sorpresa. El establecimiento –con 200 habitaciones– abrió a finales de los años sesenta –inaugurado por el rey Mohammed Zahir Shah–, y fue el primer hotel de lujo de Afganistán. Formó parte de una cadena internacional de hoteles hasta que en 1979, con la invasión de los soviéticos, comenzó a funcionar por su cuenta. Entre 1992 y 1996, en plena guerra civil afgana, impactaron en el edificio 22 cohetes. Muchas de las heridas de guerra del hotel (ventanas rotas, estructura debilitada, fachada agrietada) fueron reparadas durante el régimen talibán. Ayer sufrió su golpe más duro. Si hace honor a su leyenda, el Intercontinental seguirá recibiendo huéspedes.