Cuadros avisa: «No todo lo puede resolver el Estado»

El nuevo director general es el padre de los premios Max de Teatro y su perfil es el opuesto al de su antecesor en el cargo: un técnico discreto y dialogante. ¿Será capaz de no salir por la puerta falsa como los anteriores responsables?

El director de la Academia se despidió ayer de la institución a la que llegó de mano de González-Sinde
El director de la Academia se despidió ayer de la institución a la que llegó de mano de González-Sinde

«Pero tú crees que yo voy a poder hacer eso?», le respondió Carlos Cuadros a la ministra de Cultura cuando le propuso ser el nuevo director general del ICAA (Instituto de la Cinematografía y las Artes Audiovisuales). «Pues sí», le respondió decidida Sinde, que acababa de fulminar al hombre que quiso darle la vuelta a la acomodada industria cinematográfica española. Cuadros cree en la capacidad de generar equipos de su nueva jefa, que ya lo fue en la Academia de Cine, pues fue ella quien le contrató. De la gestión de la guionista, el nuevo jefe del ICAA destaca su capacidad por transmitir que la Cultura puede ser un activo económico, adecuado para la exportación, en estos tiempos de recesión.
Sinde parece haber elegido un perfil anti-Guardans. Pues quienes han trabajado con Cuadros le definen como un hombre discreto («lo que menos le habrá gustado es verse esta mañana en los diarios», asegura un amigo), comedido, buen negociador y con un gran interés por la eficiencia.

Actor que nunca ejerció
«Es periodista de formación, tendrá más cintura y tiento que Guardans a la hora de tratar con unos y con otros», dice un antiguo colaborador. «Guardans es un político, él, por su trayectoria, es más técnico, pero también más dialogante, es de los que si existe un problema hay que solucionarlo aquí y ahora», argumentan desde su entorno. En su faceta periodística de lo que más escribió fue de teatro, formación no le faltaba, pues se licenció en la Real Escuela Superior de Arte Dramático, aunque nunca ejerció en el escenario.
Entre la ministra y Cuadros no había una relación de amistad, como sí ocurría con su antecesor. Se encontraron cuando Sinde, entonces presidenta de la Academia de Cine decidió prescindir de Ana Arrieta como directora de la institución, por «falta de química», pidió una terna de candidatos y uno de los miembros de la Junta Directiva propuso a Cuadros, que participó, junto a otras dos personas, en un proceso de selección para el puesto que duró varias semanas. Antes había permanecido ocho años al frente del área de Artes Escénicas y Audiovisuales, donde, entre otras labores, puso en marcha los Premios Max. En 2005 pasó a ser gerente de otra entidad de gestión, esta vez la de los actores, Aisge. De aquella etapa le queda su interés por la promoción exterior de la Cultura y su defensa del canon digital, entre otras cosas. Antes de llegar a la Academia pasó por la empresa privada, concretamente Escena Turística, dedicada a la programación y elaboración de eventos culturales en espacios singulares, como el jardín del Secreto o la muralla de Lugo.

La mejoría de los Goya
Los que han asistido a su trabajo callado en la Academia le definen como uno de los principales culpables de la «mejoría espectacular» de la gala de los Goya de este año pasado e inspirador de que el próximo se celebre en el Teatro Real, con la mayor parafernalia posible.
Lector voraz y fanático de los clásicos del cine, en sus primeras palabras en el cargo para LA RAZÓN derrochó optimismo, aseguró que seguirá la línea emprendida por su antecesor, aunque también disparó algunos dardos: «Tenemos que trabajar en equipo y que el sector asuma que no todo se puede pedir a las Administraciones. La sociedad civil e industrial tiene un papel muy claro. La Administración debe ser un sector más».

Los «enfados» del cine
Sin nombrar a Cineastas contra la Orden, con quienes se mostró dispuesto a acercar posturas, también les envió un recado, pues recordó que asumir la dirección general de cine supone «gestionar recurso escasos, así que se crean expectativas no cumplidas y, cuando eso pasa, la gente se enfada». Y también: «Hay que cambiar dinámicas porque lo pide la sociedad y ese cambio molesta a quienes estaban acostumbrados a esas dinámicas». Señaló mientras rechazaba llamadas a su móvil. Asegura que se siente muy bien acogido por la familia profesional con la que ya ha compartido muchas reuniones. «Vas a encontrar poca gente que hable mal de él», me apunta un reciente colaborador. Sin embargo le recordamos que cuando Guardans aterrizó también todo fueron parabienes, pues entonces el sector estaba enfurruñado con el anterior responsable, FernandoLara, por la famosa Orden Ministerial. «Es inevitable –responde él–. Tomar decisiones implica que no se contente a todo el mundo. La ejecución de la política es también eso: poner en práctica unos valores, unas ideas y, por qué no decirlo, una ideología». De momento prefiere no entrar en los asuntos más espinosos, como la remodelación del panorama festivalero español que costó varios disgustos al saliente, especialmente con la muestra internacional de San Sebastián. Pero nos prometió: «Estudiaré todo muy pronto porque soy muy aplicado».


El detalle
ORNITÓLOGO DE VOCACIÓN
Cuadros se sorprende cuando le preguntamos si es cierto que su vocación es la ornitología: «¿Pero cómo lo puedes saber si yo no lo he contado? Es cierto, desde pequeño me interesa. Ahora me enfado cuando no puedo reconocer a los pájaros, pero es que cada vez tengo menos tiempo para escaparme al campo», dice este jienense fascinado con su tierra.