La mundialización de la OTAN por A M Slaughter

A. M. Slaughter Ex directora de Planificación de Políticas en el Departamento de Estado de los Estados Unidos (2009-2011). Es profesora de Política y Asuntos Internacionales en la Universidad de Princeton

Los 28 miembros de la OTAN se han reunido en Chicago para celebrar su cumbre anual. 63 años después de que se firmara el Tratado del Atlántico Norte, que obligaba a Estados Unidos, Canadá y a diez Estados europeos a considerar un ataque a todos el que afectara a uno de ellos, la OTAN está transformándose en una organización mundial de seguridad del siglo XXI. El resultado será un mundo más seguro.

En 1949, el mundo estaba dividiéndose en dos bloques político-militares, el Este y el Oeste, junto a un gran «movimiento de países no alienados». La OTAN hizo frente al Pacto de Varsovia, creado por la URSS y sus aliados en 1955. Dentro de los dos bloques, unas potencias pequeñas estaban apiñadas en torno a la superpotencia. En ninguno de los dos bloques existía flexibilidad para que grupos más pequeños de miembros se beneficiaran de los medios de la alianza.

Actualmente, la OTAN se está volviendo, como ha dicho su secretario general, Anders Fogh Rasmussen, «el centro de una red de asociaciones de seguridad y un centro de consulta sobre asuntos de seguridad mundial». Es una «institución mundialmente conectada», con más de 40 países asociados y vínculos cada vez mayores con otras organizaciones internacionales. De hecho, entre los países asociados figuran algunos de Europa que no son miembros de la OTAN, como, por ejemplo, Austria, Suiza, Finlandia y Suecia, y aspirantes y posibles miembros, como, por ejemplo, Bosnia, Serbia, Macedonia, Ucrania, Bielorrusia e incluso Rusia. Casi todos los países de Asia central –desde Turkmenistán hasta Kazajstán, además de Armenia, Azerbayán, Afganistán y Pakistán– son asociados, como todo el Magreb, además de Israel, Jordania, Irak, Bahréin, Qatar, Kuwait y los Emiratos Árabes. Por último, entre los asociados del Pacífico están Japón, Corea del Sur, Australia, Nueva Zelandia y Mongolia.

En el aspecto organizativo, la OTAN dice de sí misma que ha trabado «estrechas relaciones de trabajo» con la ONU, la UE y la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa. También colabora con frecuencia con la Unión Africana, el Comité Internacional de la Cruz Roja, la Organización Internacional para las Migraciones, el Banco Mundial, la Organización de Aviación Civil Internacional y la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas.
Si trazamos líneas de unión que partan de la OTAN hasta todos esos diferentes países y organizaciones, el resultado es una red de seguridad que tiene múltiples centros y conglomerados: muy parecida a un mapa de Internet o de los planetas y las galaxias. Este mundo ha dejado de ser unipolar, bipolar o incluso multipolar, porque sus protagonistas ya no son Estados particulares, sino grupos de Estados que están más o menos densamente conectados. Es una red de seguridad con múltiples centros, en la que éstos son organizaciones regionales de diferentes tamaños y potencias. Ese cambio estructural tiene una importancia práctica enorme. Para empezar, significa que no sólo los recursos militares de la OTAN, sino también su capital humano y sus conocimientos prácticos para luchar contra muchas clases diferentes de amenazas están a disposición del mundo entero. La OTAN ha creado un Centro de Gestión de Operaciones y Crisis que agrupa a expertos civiles y militares en la identificación, planificación, operaciones, reconstrucción y capacidades de estabilización de crisis de formas concebidas explícitamente para conectar la sede de la OTAN en Europa con «el mundo unido mediante redes». En segundo lugar, la propia identidad de la OTAN está pasando a ser la de una alianza que existe en la misma medida para brindar poder ofrecer asistencia y asociación– que para imponer su poder. La OTAN ha dejado de ser un simple martillo; es toda una caja de herramientas compuesta de opciones de seguridad. Algunas de éstas son la creación de redes contrarias para afrontar las amenazas a la seguridad en forma de redes, como el terrorismo y la proliferación de materiales nucleares, químicos y biológicos, además de las amenazas muy descentralizadas, como, por ejemplo, la piratería. Gracias a ello, cuando surge una crisis, como la guerra en Timor Oriental en 1999 o el estancamiento político del año pasado en Costa de Marfil, la OTAN puede apoyar al país o grupo de países que opte por encabezar la ejecución de un mandato de la ONU. Los propios miembros de la OTAN tienen también mucha más flexibilidad para recurrir a los medios colectivos. Incluso quienes se muestran escépticos respecto a la ampliación de la OTAN y operaciones como la intervención en Libia reconocen ahora que el de operaciones conjuntas por parte de países miembros, conforme a un mandato de Naciones Unidas y junto con asociados regionales, probablemente será un modelo para el futuro. Como observó recientemente el general Brent Scowcroft, asesor de seguridad nacional del presidente George H. W. Bush, en un principio la Carta de la ONU preveía una fuerza militar permanente para imponer el cumplimiento de las resoluciones del Consejo de Seguridad, que el modelo de la OTAN con sus asociados podría hacer realidad en última instancia. El poder en una red procede de la capacidad de conexión o lo que los teóricos de redes llaman «centralidad». El miembro más poderoso de una red es el nodo que tiene más conexiones con los demás, lo que significa que un nodo puede aumentar su potencia no sólo añadiendo conexiones directamente, sino también aumentando las conexiones de nodos cercanos. Dicho de otro modo, Estados Unidos pueden aumentar su poder tanto conectándose con otros miembros de la OTAN (y después velando por que ésta esté conectada con el mayor número posible de países y organizaciones) y aumentando las conexiones entre esos otros países y organizaciones. Si la OTAN tiene conexiones con la Unión Africana, por ejemplo, y aumenta las conexiones de la Unión Africano, tanto ésta como la OTAN pasan a tener posiciones más centrales en la red y, por tanto, más poder para ejercer influencia y conseguir recursos.
La lógica de la centralidad como venero de poder crea un círculo virtuoso en el que los miembros de una red adquieren ventaja al añadir más miembros a la red y conectarse más densamente con ellos. Ésa es exactamente la lógica en la que se basa la transformación de la OTAN. El tema inmediato del programa de la reunión en Chicago es el de la salida de Afganistán, pero el asunto a más largo plazo será el de incluir el mayor número posible de países en su red mundial de seguridad.

 

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