Las vacaciones tunecinas de Alliot-Marie causan una crisis de Gobierno en Francia

El presidente francés, Nicolas Sarkozy, realizó hoy una remodelación ministerial que afectó a las carteras de Exteriores, Defensa e Interior con el objetivo de reforzar el Ejecutivo ante los cambios que vive el mundo árabe.

Michèle Alliot-Marie junto a Sarkozy, en una imagen de archivo
Michèle Alliot-Marie junto a Sarkozy, en una imagen de archivo

PARÍS- La dimisión de la jefa de la diplomacia francesa era solo cuestión de días. Y ayer, después de haber intentado aferrarse a su puesto, la presión política y la insistencia del Elíseo llevaron a Michèle Alliot-Marie a renunciar a su cargo, que será ocupado por Alain Juppé, otro chiraquiano, y hasta ahora al frente de Defensa. Sumida en una creciente polémica por unas recientes vacaciones privadas en Túnez, en las que la ministra francesa, en plena revuelta popular, viajó en un avión prestado por un hombre de negocios cercano al ex presidente Ben Ali, Alliot-Marie no ha cejado hasta el último instante en su defensa. La titular considera no haber cometido ninguna ilegalidad y lo volvió a reiterar en la carta de dimisión que le remitió a Nicolas Sarkozy en la que denuncia sentirse víctima de una escalada de ataques políticos y mediáticos cargados de «falsedades y amalgamas».
«Aun teniendo el sentimiento de no haber cometido ninguna falta, he decidido abandonar mis funciones», afirma en la misiva esta incondicional de Jacques Chirac que desde 2002 no ha dirigido las carteras más importantes. Sin embargo, en el entorno de Sarkozy semejante torpeza no es de recibo en una ministra con tan dilatada experiencia. Sobre todo cuando apenas unos días antes de que el semanal satírico «Le Canard Enchaîné» revelara su controvertido viaje, la ministra no tuvo sonrojo en ofrecer desde el hemiciclo de la Asamblea Nacional apoyo policial a las Fuerzas de Seguridad de Ben Ali para contener las protestas.
En plena Presidencia del G20 y con una popularidad por los suelos, Sarkozy no podía mantener a una ministra cuya falta de credibilidad podría haber empañado la crucial gestión del presidente galo en los próximos meses.
Los errores de apreciación de Alliot Marie se suman a una cierta ineficacia de la diplomacia francesa que se ha mostrado tibia y timorata en sus reacciones a las revoluciones en el mundo árabe y a una titubeante y errática política exterior, según criticaba abiertamente estos días un grupo de diplomáticos galos, y a la que precisamente ayer se refirió Sarkozy en una breve alocución. El jefe del Estado francés, que calificó de «histórico» el cambio en algunos países árabe, advirtió de que el desenlace es todavía incierto y que la comunidad internacional debe actuar para que esas naciones no caigan en una dictadura peor que las precedentes. «Sabemos que las consecuencias pueden ser trágicas: flujos inmigratorios incontrolables y terrorismo», dijo Sarkozy, que ha pedido la reunión del Consejo Europeo para que se adopte una estrategia común frente a la crisis en Libia.

Tratando minimizar el escándalo de su ministra, el presidente francés justificó el reajuste en Exteriores por la situación internacional. Y aprovechó la remodelación para reorganizar su círculo más cercano a un año de las presidenciales colocando a Claude Guéant, hasta ahora secretario general de Elíseo en el Ministerio del Interior, cuyo inquilino, Brice Hortefeux, otro fiel de Sarkozy, asumirá previsiblemente el cargo de consejero político en el palacio presidencial.