Libros

La mujer que noqueó a Norman Mailer

Tenía 26 y era guapa. Mailer ni lo dudó. Compartió con ella los últimos treinta y tres años de su vida. Una relación larga, intensa, intempestiva. Norris Church Mailer cuenta su relación con el autor de «Los desnudos y los muertos» en una biografía.

Juego de niños. Mailer intercambia unos golpes con su amigo Alí a mediados de los 70. A la izquierda, el novelista con su mujer, Norris Church
Juego de niños. Mailer intercambia unos golpes con su amigo Alí a mediados de los 70. A la izquierda, el novelista con su mujer, Norris Church

Norman Mailer. Uno de los duros. No tenía edad, pero continuaba subiendo al ring. Quería demostrar que el paso del tiempo era algo que no iba con él. Que las horas no transcurrían cuando estaba ahí arriba. Norris Church Mailer no quiso reconocer en ese hombre al escritor intempestivo, avasallor. El novelista que despreció a Truman Capote (con el que contrajo valiosas deudas) y que lucía unas manos toscas, más apropiadas para manejar las palancas hidrálicas de un tractor que para sostener la débil carpintería del lapicero y la literatura. Norman Mailer había acuñado leyenda dinamitando los principios básicos de la honestidad y la confianza. Pero no quiso verlo.

Tampoco leer las acusaciones que le señalaban como homófobo y machista (de ahí vendría su desencuentro con Gore Vidal, quien escribió: «El hombre Miller-Mailer-Manson ha sido condicionado para ver a las mujeres, en el mejor de los casos, como engendradoras de hijos, y en el peor, como objetos a atizar, humillar y matar»). También ignoró al soldado de imprevisible genialidad y vulgaridad exagerada (sus camisas abiertas, sus pantalones con las iniciales de ella cosidas en los bolsillos traseros, el vaso de whisky apurado en el arrebato de un sorbo creador). O al aspirante a alcalde de Manhattan que acuchilló a su tercera esposa durante la presentación de su candidatura (en su programa presentaba la descabellada idea de convertir la ciudad en un estado independiente, el último en sumarse a la bandera de Estados Unidos).

Primer encuentro
Ella creía que Mailer había atravesado el infierno y que el metal ya estaba templado. Cuando lo conoció, frisaba los 26 años y lucía un físico sin mellas, trazado a tiralíneas, como el de un mapa de África. Él asumía una confusa geografía de unos cincuenta y pico bastante bateados. Lo que vino después fue una convivencia de 33 años. Su primer encuentro terminó en el suelo, de madrugada, cerca de la habitación donde descansaba el primogénito de ella. Él, medio desnudo y a medio vestir, por si les interrumpía ese hijo dormido y había que recobrar la compostura. Norris, sin apenas nada, guardando las apariencias, si se pueden en semejantes circunstancias, y con la espalda abrasada por una alfombra áspera cuyo tacto aún recordaba tiempo después.

El desenlace tórrido arrastraba más intención y deseo que otra cosa. Fue desilusionante. Pero era el comienzo de un vínculo –el sexual– que se mantendría vivo hasta la muerte de él y que les sostendría como pareja más allá de los paisajes que atravesaron juntos. Las memorias de Norris Church Mailer destilan la dulce nostalgia del desencanto. El de una muchacha deslumbrada por el glamour de la intelectualidad que termina descubriendo al hombre en todos sus términos y territorialidades. Después de ocho años, Norman Mailer empezó a ser infiel y el encanto de la cultura perdió el brillo de su pátina. Él adujo un pretexto manido, la experiencia como excusa literaria, y otros argumentos originales de gran factura emocional. Necesitaba, le dijo, conocer qué sentían los personajes. Bien.

Bill Clinton
Por sus páginas desfila toda una escudería de ilustres: Bill Clinton, (con el que ella, ¡qué extraño!, mantuvo un «affaire»), Fidel Castro, Muhammad Ali, Milos Forman, Sergio Leone, Gore Vidal y Jean-Luc Godard, entre otros. En este género biográfico, el que sale de la propia mano, el interés suele recaer en la anécdota, en las interioridades que añaden un plus a la historia oficial. Y estas páginas, a veces desiguales, contienen, aparte de pasajes duros, como la violación que Norris sufrió cuando todavía no había conocido a Mailer, parte de esas curiosidades que aproximan al protagonista. Pero es la caída de ella en la realidad la parte más emotiva junto a la muerte de él. Como diría Mailer: «En la vida hay una ley, muy cruel y muy justa, según la cual uno tiene que cambiar o de lo contrario pagar más para seguir siendo el mismo».

Sobre la autora: Norris Church Mailer fue pintora, escritora –tienedos novelas– y trabajó para Actors Studio. Fue la última mujer de Norman Mailer. Ideal para...: los que sienten predilección por las biografías literarias, las relaciones que no son lo que parecen, y tengan curiosidad por uno de los grandes nombres de las letras americanas. Un defecto: La autora, en ocasiones, se detiene mucho en detalles y pormenores. Se echan en falta más anécdotas sobre Norman Mailer. Y las hay. Una virtud: La sinceridad en todos los aspectos. No duda Church en comentar los peores momentos de su vida. Puntuación 6