El mejor y más retorcido Álvaro Pombo

Un círculo de antiguos alumnos, amistades y abusos se cierra en torno a un viejo profesor. Ganadora del Premio Nadal, la nueva novela de Pombo sabe a amargura de amores engañosos

Álvaro Pombo (Santander, 1939) es un claro ejemplo de superación del realismo convencional meramente descriptivo de ambientes y situaciones, porque lo que le interesa al narrador es el carácter simbólico de la realidad, las contradicciones y conflictos que anidan en la condición humana y la fuerza de una trama con la que el lector pueda identificarse de un modo u otro, haciendo de la lectura un ejercicio cómplice de autorreconocimiento crítico. Sus novelas –«El metro de platino iridiado», «Donde las mujeres», «Una ventana al norte» y «La fortuna de Matilde Turpin», entre otras– son modélicas en el estudio de los personajes, sobre todo femeninos, y la presentación de las relaciones sentimentales como un conjunto de obsesivas interdependencias que aspiran a la felicidad.

Un profesor retirado
«El temblor del héroe», novela galardonada con el último Premio Nadal, refleja un universo de apariencias y fingimientos, en el que una engañosa per- cepción del amor y la amistad desembocará en una tragedia que conviene no desvelar.

Román, un jubilado profesor de Filosofía, engreído, autocomplaciente, anclado en su pasión bibliómana que le hace aborrecer internet –se le caracteriza como un «inactual»– y profundamente intrigante y manipulador, es el eje vertebrador de una acción en la que participan Eugenio y su mujer, Elena, ambos traumatólogos, antiguos alumnos suyos y ya amigos; Héctor, un periodista que entrevistará a Román, incorporándose pronto a este singular juego de equívocos; y Bernardo, el moroso inquilino de Román, un pederasta que abusó de Héctor en su adolescencia y que ahora ejerce sobre él una ambivalente tutoría moral.

El relato va creciendo, con un tono inquietante y algo conspirativo, en torno a unas tortuosas relaciones humanas marcadas por la dependencia obsesiva de unos hacia otros, la abnegación mal entendida, los celos desatados y las míseras crueldades cotidianas. Observándose mutuamente, malinterpretándose con frecuencia, instrumentalizando sus emociones según la conveniencia de cada momento, estos personajes construyen una densa trama del mal, una nefasta camaradería que circula entre fingimientos y desengaños, perdidos estos seres en el laberinto de sus particulares egoísmos. Tras éstos, y quizá como siempre, alienta el deseo frustrado de amar y ser correspondido.

Esta crónica de la incomunicación humana es también una novela, en el mejor sentido, intelectual. Por sus páginas desfilan Flaubert, Barthes, Marcuse, Keats, Machado, Unamuno y, entre otros muchos, quizá sobre todo Platón, cuyos Diálogos sirven aquí como referente de la conversación social que, más allá del intercambio de ideas, amaga las soterradas intenciones de unos taimados contertulios. Román, que va cediendo protagonismo a lo largo de la historia, manipula los puntos débiles de sus interlocutores, fomentando recelos e inseguridades, y afirmándose en su papel de deliberada negatividad, que lo hace aún más atractivo. Esta novela de imposturas y maquiavelismos, en la que aparece autocitado el propio Pombo, es también un juego de espejos entre estas diversas personalidades; la sombra de Borges, tan alargada, planea sobre dicho artificio de equívocas identidades.

Sueños frustrados
Centrándonos en los personajes más jóvenes, obtenemos un retrato generacional del tardofranquismo y la Transición en el que se valoran los sueños frustrados y los acomodos personales, dando al relato un tono testimonial muy eficaz en la consideración realista de la trama. En toda ella hay un tono intimista, donde la culpa –una cierta idea de «pecado»–, el arrepentimiento, castigo y la redención se combinan en una clara correspondencia pararreligiosa: «Era el lenguaje de las confesiones: examen de conciencia, contricción de corazón, confesión de boca, satisfacción de obra» (pág. 147).

Ésta es la estructura de un discurso moral perfectamente adecuado a unos inteligentes diálogos, a una acción de imprevisibles consecuencias y a un prosa de sabia madurez que no obvia la modernidad de ambientes y caracteres. «El temblor del héroe» expone algunos de los mejores temas de Álvaro Pombo: las dependencias sentimentales, los fingimientos de la vida social, la crudeza de ciertos planteamientos sexuales, los efectos devastadores de la soledad, la funesta intrascendencia del mal o el carácter netamente humano del egoísmo, con lo que se consigue una excelente novela y una inolvidable historia.


Sobre el autor
Es un novelista experto en la construcción psicológica de los personajes, sobre todo los femeninos, y en el tema literario de la soledad
Ideal para...
Deleitarse con una malévola e inteligente trama de la que no se puede contar demasiado para no estropear su sorprendente desenlace
Un defecto
En una acción que incluye juegos de espejos, imposturas y maquiavelismos, alguna situación parte de un planteamiento enrevesado
Una virtud
El impecable fluir de los diálogos en una prosa madura que no da la espalda a la modernidad de ambientes y caracteres
Puntuación: 9


Ficha:
«EL TEMBLOR DEL HÉROE»
Álvaro Pombo
DESTINO
222 páginas,19,50 euros.


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«El héroe de las mansardas...»,Á. Pombo. Anagrama, 206 págs. 4,81 euros
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Cómo no acordarse del escritor obsesionado por la belleza del joven Tadzio, el infausto Gustav von Aschenbach creado por Mann en su obra de 1912. Ningún viaje «tranquilo» a un hotel ha supuesto una caída personal tan terrible como la de este clásico, que aborda la pasión y la obsesión como pocos

«La educación sentimental», de G. Flaubert. Alianza,
624 páginas,
9,90 euros
Una pasión imposible, aunque menos maligna. Flaubert sufrió en carne propia el desamor. Eran tiempos y exigencias sociales diferentes, claro, pero es una gran novela marcada por el ideal romántico, el tiempo y la amistad. Y, como en la obra de Pombo, retrata su momento histórico.