El FMI cierra su asamblea sin una solución a la «guerra de las divisas»

Como era de esperar, la asamblea anual del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial dejó sin resolver el asunto más espinoso del temario: la «guerra de divisas». Muchas promesas y ningún consenso.La solución queda para la reunión del G-20, en Seúl, el próximo mes de noviembre.

Los participantes en la reunión del FMI de este fin de semana posan para la cámara
Los participantes en la reunión del FMI de este fin de semana posan para la cámara

La cadena de devaluaciones que han llevado a cabo algunos países para mejorar su competitividad y la amenaza que esto supone para el crecimiento mundial ha sido el tema 'caliente' de la Asamblea Anual del FMI y el Banco Mundial concluida este fin de semana en Washington.

Pese a las intensas discusiones y las llamadas de atención que han protagonizado los 185 miembros del organismo, la única conclusión es que el mundo camina sin remedio hacia una escalada de devaluaciones competitivas, como se denomina a las medidas que toma un país para abaratar su moneda y, por tanto, sus exportaciones.

Detrás del conflicto se encuentra uno de los gigantes emergentes, China, y su política de mantener un yuan débil, pese a las quejas insistentes de EE UU y de los grandes organismos internacionales.

Movidos por la competencia de China, otros países de la región, como Japón y Corea del Sur, han adoptado medidas similares. En el caso de Japón la necesidad es más grande porque, tal y como explicó en Washington su ministro de Finanzas, Yoshihiko Noda, la economía se encuentra en un entorno deflacionario y necesita crecer.

Otras economías emergentes, que disfrutan de una pujanza envidiable que no tienen los países avanzados, están recibiendo un aluvión de inversiones extranjeras que empuja su moneda al alza.

Como reacción ante esta posible pérdida de competitividad, naciones como India, Brasil, Tailandia y Perú se esfuerzan por controlar la apreciación de sus divisas y poder absorber el volumen récord de capital que están recibiendo sus economías.

En busca de un foro

En esta situación, y ante la perspectiva de que se agrave, los líderes mundiales buscan un foro que sirva de árbitro en la disputa. La lógica indica que el G20 debería liderar las discusiones, gracias al protagonismo que adquirió tras las crisis del 2008, que lo convirtió en el principal foro económico mundial, en detrimento del G8, donde no están representados los emergentes.

En los primeros estadios de la crisis, el G20 logró con éxito coordinar a la economía mundial para lanzar planes masivos de estímulo económico. Pero cuando llegó la recuperación, que ha sido muy intensa en las naciones emergentes, y muy frágil en las avanzadas, llegaron los problemas.

En la última cumbre del G20, celebrada en junio en Toronto (Canadá), los países acordaron "llevar a cabo políticas coordinadas y responsables que no dañen a otros países, evitar las devaluaciones competitivas...y promover un sistema monetario estable". El resultado, a la vista de la situación actual, no ha podido ser más decepcionante. Queda claro que el asunto estará sobre la mesa de la próxima cumbre del G20 en Seúl, el 11 y 12 de noviembre. Pero de momento, el grupo no se ha pronunciado al respecto.

Caso distinto es el del FMI que, pese a no haber conseguido resolver el problema ni acercar posiciones durante su asamblea en Washington, sí se ha postulado como el gendarme que vigilará el comportamiento cambiario de los países.

"Hemos llegado a la conclusión de que el FMI es el foro que debe lidiar con estos asuntos, con los tipos de cambio", aseguró ayer Youssef Boutros-Ghali, el ministro de Finanzas egipcio que preside el principal órgano directivo del FMI, el Comité Monetario y Financiero Internacional (IMFC, en inglés).

Boutros-Ghali explicó que a partir de ahora el FMI va a crear nuevos instrumentos u órganos de vigilancia, que transformarán a la institución en el sheriff del mercado de los tipos de cambio. Estos cambios, dijo, colocarán a la institución "en una nueva dimensión, más capaz de lidiar con los problemas mundiales".

En el mismo sentido se expresó ayer el secretario del Tesoro de EE UU, Timothy Geithner, quien dijo que el FMI debía jugar "un papel más activo"en la resolución del conflicto cambiario. Jim Flaherty, ministro de Finanzas de Canadá, se mostró sin embargo más partidario de buscar nuevas vías de cooperación dentro del G20."Todos estamos de acuerdo en que necesitamos más cooperación", indicó.

La duda es si la solución vendrá por la vía de la cooperación que impulsa el G20, o por las medidas de control que quiere imponer el FMI.