Detalles majetes por María José Navarro

Ya desde esta primera línea les declaro solemnemente que soy fan irremediable de Sean Bean. ¿Es por su papel en «Juego de tronos»? Pues sí, y eso que ni he empezado a verla. ¿Es por hacer de Boromir en «El señor de los anillos»? Pues sí, y eso que a mí el género de espada y brujería, y «El señor de los anillos» en concreto, me dan cosica.

Sean Bean es Boromir en  «El señor de los anillos»
Sean Bean es Boromir en «El señor de los anillos»

Así que soy fan de Sean Bean no tanto «por» sino más bien «a pesar» de lo anterior, miren qué cosas pasan. Soy fan porque el otro día Sean Bean, mientras tomaba un chato (digo yo que sería un chato) en un pub londinense (quizá no sería un chato, ahora que lo pienso) con su nueva novia (ex conejita Playboy, oigan), hizo una de esas cosas que a una le hacen recobrar la fe en el ser humano. Un desconocido (quizá un ex novio) se dirigió con malos modos a la mencionada coneja, lo que obligó a Sean Bean a intervenir en defensa de su roedora acompañante. Hasta aquí, ya me iba ganado el tipo, y eso que lo bueno viene ahora. Tras un intercambio de golpes, en el que Sean Bean recibió un corte en un brazo, consiguió poner en fuga al agresor verbal y salvar el honor de su chica. No hay muchos datos del asunto, pero yo, como ya idolatro a este hombre, he decidido que el corte fue profundo y realizado con una espada de Toledo de esas de cortar tartas nupciales. Alarmado el dueño del local, propuso llevarse a Sean Bean al hospital más cercano; no obstante, nuestro héroe (digo nuestro porque a estas alturas entiendo que ya no es sólo mío), quitándole hierro al asunto, prefirió ser atendido el plena barra con el botiquín del bar y, una vez untado de Betadine, se pidió otra copa y se quedó enyodado y tan campante. Un fenómeno. Menos glamouroso pero casi igual de admirable es lo que le ha ocurrido a José Antonio Monago, candidato del PP y próximo presidente de la Junta de Extremadura gracias a los votos de Izquierda Unida. Monago no salvó el honor de una dama (esta vez, queremos decir) sino que recibió la llamada del coordinador de Izquierda Unida que anunciaba la alianza que le ponía en el poder «en bañador y chanclas, sin camiseta» mientras pasaba el fin de semana en un camping de La Vera. Una se imagina a este hombre tan tranquilo en un camping, tomando atún de lata en su sillita plegable y bebiendo tinto de verano, y le da una pena enorme que ahora, tras esa llamada traidora, se tenga que vestir de corbata y ponerse a dirigir una Comunidad Autónoma, con la que está cayendo. Al final, hay más gente salada por ahí de la que pensamos: unos defienden conejas, y otros, Cáceres y Badajoz.