El asesino declara que los crímenes fueron «atroces pero necesarios»

Anders Breivik ha confesado que los crímenes fueron «atroces pero necesarios», según ha señalado su abogado, Geir Lippe, en declaraciones recogidas por el canal noruego TV2. Lo planificó todo con meses de antelación, sin estar fichado en grupos extremistas.> «Todos vais a morir»> La Policía admite que hay cuerpos sin recuperar en edificios de Oslo> ANÁLISIS / Los lobos solitarios> Noruega, el país sin armas> Escalofrío en Nueva York

Lippe ha asegurado que en la mente de Breivik era «cruel llevar a cabo la matanza, pero era necesario». Sin embargo, el abogado ha precisado que Brevik se niega a considerarse culpable pese a haber reconocido estar detras de los tiroteos durante los interrogatorios.

«Es muy difícil para mí hacer un resumen de lo que ha dicho durante el interrogatorio", señaló Lippe. El abogado ha escuchado las declaraciones de su defendido durante horas, en las que ha explicado cómo planeó los ataques. «Ha dicho mucho al respecto pero quiero pensar sobre ello antes de decir nada», ha afirmado Lippe.

Preguntado acerca de los pensamientos de Breivik sobre sus hechos, Lippe ha manifestado que «es difícil decir algo acerca de esto. Ha explicado la seriedad del asunto, la increíble extensión de heridos y fallecidos. Su reacción ha sido que fue cruel llevar a cabo esos asesinatos, pero que en su mente era necesario», agrergó el abogado defensor.

Planeados con mucha antelación

Según el letrado, los ataques habían sido planeados durante mucho tiempo por el presunto culpable. «Ha sido planeado desde hace tiempo. El manifiesto es algo sobre lo que también ha trabajado muchos años. En el interrogatorio ha hablado mucho sobre ello y sobre por qué lo publicó», ha dicho en este sentido.

También ayer se supo que el presunto asesino comulgaba con las ideas del nazismo. Y que odiaba al marxismo poniéndolo en pie de igualdad con el integrismo islámico. Pero al universo mental de este desequilibrado no se le puede pedir una mínima coherencia intelectual y, aún menos, moral.

Es poco lo que se sabe de Anders Behring Breivik, además de que es un desalmado capaz de rematar a niños de 14 años en el suelo. Tiene 32 años, sin antecedentes penales, licenciado en Comercio y que es propietario de una granja biológica que, entre otras cosas, le ha permitido adquirir el fertilizante artificial necesario para montar el coche bomba que hizo estallar en Oslo.

No estaba fichado como simpatizante de los grupos neonazis noruegos que tanto trabajo dieron a las autoridades del país en la década de los 90. «No lo teníamos bajo nuestro radar», reconoció la Policía.