Serbia se resigna a perder Kosovo para entrar en la Unión Europea

Belgrado no cuestionará la legalidad de la independencia de sus vecinos y acepta iniciar el diálogo.

Fue sólo una resolución, pero pocas veces en un documento pesó tanto la historia, y sobre todo, la historia europea en las Naciones Unidas. El jueves la Asamblea General respaldó la resolución presentada conjuntamente por Serbia y la UE, mediante la que el país balcánico pasa página al cuestionamiento sobre la legalidad de la declaración de independencia de Kosovo, y despeja el camino al diálogo entre Belgrado y Pristina.

De esta manera, Serbia acerca su futuro a la familia de los Veintisiete, los Balcanes dan un paso fundamental hacia la normalización de sus relaciones y la UE encierra a los fantasmas de su gran error: la guerra de la ex Yugoslavia.

Belgrado había prometido seguir cuestionando la legalidad de la declaración de independencia, esta vez en la ONU, tras haberse cerrado la puerta de la Corte Penal Internacional (CPI), que reconoció la legalidad de la proclamación el pasado julio. Sin embargo, la intervención de la Unión, en concreto de la Alta Representante Catherine Ashton, enfrascada esta semana en una maratón diplomática con el presidente serbio, Boris Tadic, terminó por provocar el giro copernicano del Gobierno serbio. Belgrado terminó retirando su resolución inicial y accedió a redactar una conjunta con los otro Veintisiete Estados miembros.

Europa prueba así que no necesita internacionalizar las soluciones a los problemas de su patio balcánico y Serbia echa a un lado uno de los grandes obstáculos que se adivinaban en su camino hacia la integración en la UE.

No obstante, Serbia ha dejado claro que no reconoce la declaración de independencia unilateral de Kosovo, aunque el canciller serbio, Jeremic, apuntó que pone esperanzas en el diálogo.

Los observadores llevan tiempo esperando este diálogo, que veían inminente en aspectos prácticos como las comunicaciones de la vida de las comunidades fronterizas.

En privado, unos y otros están dispuestos a ceder en los temas más sensibles para cada lado: la cesión de la soberanía del norte, en el caso de los kosovares, y la discusión sobre la cuestión del estatus, para los serbios.


España mantiene el veto
La UE insiste una y otra vez en que el futuro de los Balcanes está dentro de su familia. Sin embargo, cinco de sus futuros «familiares» no reconocen a Kosovo, ni siquiera como primo lejano. España y otros cuatro Estados miembros no reconocen la independencia del país e incluso su alergia a considerarlo como «parte» en un acuerdo internacional ha bloqueado los acuerdos de libre comercio que la UE quiere negociar con la región.

El Parlamento europeo ya ha urgido a éstos a que lo hagan, aunque el ministro Moratinos confirmó ayer que no será así.