No retrocedemos por Luis Palacios

«No retrocedemos en Gibraltar ni para tomar impulso» declaraba el ministro Margallo recientemente poniendo sobre la mesa el viejo problema de Gibraltar. El contencioso de Gibraltar sigue siendo un tema de enorme complejidad que arrastramos desde principios del siglo XVIII. Es una de esas herencias de la historia que, a medida que pasa el tiempo, ofrece una solución más compleja. Apuntaré algún hilo que permita introducirnos en esa enorme madeja que constituye hoy este contencioso:

1.- El punto de arranque es la pérdida de la plaza de Gibraltar por una escuadra angloholandesa al mando del almirante Rooke y del príncipe de Hesse-Darmstadt. Dos consecuencias: la más importante es que la conquista se formalizaría en el Tratado de Utrecht de 1713 por el cual España cede al Reino Unido «la plena y entera propiedad de la ciudad y castillos de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas que le pertenecen, dando la dicha propiedad absolutamente para que la tenga y goce con entero derecho y para siempre, sin excepción ni impedimento alguno». Una segunda consecuencia: la población del Peñón fiel a Felipe V huyó refugiándose en la ermita de San Roque, dando origen a un municipio con ese nombre que hoy sigue conservando su denominación «muy noble y más leal Ciudad de San Roque, donde reside la de Gibraltar».

2.- La presencia británica en el Peñón no fue, como se suele decir, un hecho casual que se produjera con motivo de la Guerra de Sucesión. Sin que España e Inglaterra estuvieran en guerra, Cromwell a mediados del siglo XVII escribía al almirante Montague, jefe de una flota de guerra inglesa en el Mediterráneo: «Acaso sea posible atacar y rendir la plaza y castillo de Gibraltar, los cuales en nuestro poder y bien defendidos serían a un tiempo una ventaja para nuestro comercio y una molestia para España».

3.- Ante el inmovilismo inglés, todos los gobiernos de España han reivindicado Gibraltar. Pero en estos tres siglos no hemos sido capaces de elaborar un proyecto coherente ni una estrategia adecuada que pudiera ser defendida por cualquier partido.

4.- Hoy el asunto es mucho más complejo porque, al margen de lo que el Tratado de Utrecht dice, hay nuevos elementos a tener en cuenta para la negociación: la población gibraltareña y sus intereses, como dice la Resolución 2231 de la ONU. Conviene precisar que se habla de «sus intereses», no de «su voluntad» o «su deseo». Desde 1969, el Reino Unido sembró el señuelo de la autodeterminación comprometiéndose a no entrar en negociación alguna con terceros sobre soberanía sin tener en cuenta los deseos de sus hombres expresados libre y democráticamente.

5.- La solución hoy será en términos políticos, no jurídicos. Si bien podemos aceptar que en teoría puede darse todo tipo de soluciones, la verdad es que en términos jurídicos sólo hay una alternativa: se mantiene el statu quo como colonia de la corona británica, tal como es desde 1830 en que Gibraltar es considerada Crown colony, o se retrotrae a España en aplicación del artículo X del Tratado de Utrecht si Londres decide soltar la colonia. Como esas soluciones no se darán, hay que encontrar una solución política. Así lo vio ya el régimen de Franco cuando en 1966 no quiso llevar al Tribunal Internacional de la Haya temas como el de su soberanía. Vio que era un tema «esencialmente político, inserto en el proceso de descolonización». Madrid aceptaba que la política se imponía sobre el derecho.

6.- En el proceso son puntos importantes la Declaración de Lisboa de 1980 suscrita por Marcelino Oreja y Lord Carrington, que suponía la igualdad de derechos de los españoles en Gibraltar y de los gibraltareños. Se intentaba resolver el tema de la soberanía. Se ponía así en marcha el proceso de Bruselas. En 1984 los ministros Fernando Morán y Geoffrey Howe ponen en marcha lo dispuesto en las declaraciones anteriores.

7.- Un avance mayor tiene lugar en 1997, con la propuesta del ministro Abel Matutes a Robin Cook de modificar el status de colonia a cambio de 50 años de soberanía compartida, al final de los cuales se integraría en España que ofrece un estatus con tanta autonomía como Cataluña o País Vasco. Lo nuevo era que se tenían en cuenta los intereses de los gibraltareños.
En 2002, Peter Caruana hace un referéndum sobre el principio de soberanía compartida entre Gran Bretaña y España.

9.- Uno de los temas en discusión es la usurpación por Gran Bretaña de una parte del istmo, la invasión del espacio aéreo español y la apropiación de aguas a las que no tienen derecho. En este sentido, hay que recordar el levantamiento de la dichosa verja y decir que no fue obra de Franco, sino de los ingleses en 1909 y que, gracias a ello, se apropiaron de una tierra cuya neutralización habían acordado los dos países en el siglo XVIII.

10.- España no ha regateado esfuerzos durante trescientos años frente al inmovilismo de Gran Bretaña o la política de hechos consumados ocupando ilegalmente territorios. Todas las fórmulas se han barajado: asedios fracasados (el último en 1782), intentos de permuta (Ceuta, en concreto), ofensiva diplomática e internacionalización del tema, que sólo sirvió para legitimar la reivindicación española ante la comunidad internacional.

11.- Problemas colaterales: Ceuta y Melilla con la visión de Marruecos, que lo plantea como algo similar a Gibraltar. Y problemas serios relacionados con la seguridad nacional…

¿Qué ha sido de la doctrina de la ONU sobre la integridad territorial de España? ¿Se debe esperar algo de la UE? En la España actual no se vive el problema con pasión hay otros problemas más urgentes que resolver_ pero el pueblo español desearía una solución justa. En nada ayuda tener el problema abierto para las relaciones con Gran Bretaña. En nada ayuda la actividad económica, la permisividad fiscal, etc. de que goza Gibraltar. Los diseños de cosoberanía de Matutes y Morán o de condominio angloespañol… fueron un intento interesante.

Lo que parece claro es que no se puede tolerar que Gran Bretaña no respete las reglas del juego y haga mangas y capirotes de este asunto. Y es oportuno y de agradecer que el Gobierno español reaccione y tome cartas en el asunto con la cabeza fría, el pulso firme y la necesaria flexibilidad en las acciones.

 

Luis Palacios
Director del Instituto de Humanidades de la Universidad Rey Juan Carlos