AFINIDADES ELECTIVAS

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Las encuestas son como las bragas, que ocultan precisamente lo más importante. El sondeo publicado ayer en LA RAZÓN, entre sarcasmo y realidad, me pareció excelente, aunque no comparto la opinión de mis compatriotas. Un debate televisivo entre Zapatero y Belén Esteban sólo clarificaría si la niña de nuestra Marilyn Monroe nacional se ha comido el pollo o no. Ante la verborrea analfabeta de «la princesa de San Blas», que no es de barrio sino un animal televisivo con lagrimones fruto de la cirugía plástica, me quedaría una entrevista con las hijas góticas del presidente, que según comentan, una de ellas parece ser muy izquierdosa. Pero el pobre ZP sólo se acuesta con quien puede. Estimo muy adecuado el rechazo silente de la ministra de Vivienda, que encima se apellida Corredor y siempre me ha parecido como extraída de la película de la Familia Adams. Las pocas veces que aparece miro a ver si se le escapa la mano amputada entre sus faldas. Entre afinidades electivas, choca la atribución de «sexy» a la ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, quien derrochó tres millones de vacunas contra una gripe que nunca se documentó. Me quedo con la jovenzuela Bibí Aído -mi Bibí-, que sólo habla de clítoris y sexo aunque no tiene ni idea de lo que dice. Tomarse un vermouth con De la Vega podría ser fascinante, pero pertenecería a una sesión de sadomasoquismo.