«Bajar precios sólo nos traerá problemas»

Rufino Calero Presidente de Vincci Hoteles

Apasionado de los toros y aficionado al golf, Rufino Calero se inició en el sector hotelero un 29 de julio de 1953, el día de Santa Marta, patrona de la hostelería. Tras fundar la cadena Tryp, ahora en manos de Sol Meliá, emprendió la aventura de crear su propia red de alojamientos, Vincci Hoteles, una apuesta que, a tenor de las cifras, fue todo un acierto. -Después de 30 años al frente de Tryp, vendió la compañía a la familia Escarrer. ¿Fue un antes y un después en su carrera profesional? -Fue el pistoletazo de salida para iniciar una nueva etapa. Personalmente, a mí no me interesaba vender, pero a mis dos socios sí. Preferí no crear discordia entre nosotros, ya que puedo decir que tenemos el récord de estabilidad, pues durante 30 años la cadena siempre tuvo el mismo Consejo de Administración. -Parece que el cambio mereció la pena. En menos de diez años Vincci tiene 36 hoteles. -Pero eso no es lo más importante. El dato decisivo es que contamos con más de 10.000 camas. -¿Cuál es el secreto del éxito? -El primer artículo de la hostelería es que el cliente se sienta a gusto. ¿Secreto? El único secreto es trabajar y trabajar. Una frase que define muy bien mi forma de ver la vida es la de «creo firmemente en la suerte, cuanto más trabajo, más suerte tengo». -Ahora la situación no es la más halagüeña. Después de más de 50 años en este mundo, ¿tiene la fórmula para salir de la crisis? -La intuición y la experiencia que dan los años son un punto a favor, pero desgraciadamente no tengo la receta. Lo que sí tengo claro es que en el sector hotelero nos estamos equivocando. -¿A qué se refiere? -A que «combatimos» en un frente que no es el adecuado. Estamos compitiendo en el precio y no en la calidad y eso nos va a traer graves consecuencias en el futuro. Creo que por vender más barato no tendremos más clientes. Es más, si vendes más barato y das un mal servicio, al final hay menos huéspedes. No se puede ofrecer una noche de alojamiento con todo incluido a doce euros, porque no es lógico. No sé a dónde nos va a conducir esta situación, pero a buen puerto seguro que no. -Y si el precio no es la solución, ¿cuál es el camino a seguir? -Hay que poner imaginación en lo que ofrecemos, sorprender al huésped para que se sienta más satisfecho y repita. -¿Cree que la planta hotelera española está sobredimensionada? -Actualmente puede parecer que sí, pero creo que tan sólo es un espejismo de la crisis. Tenemos que concienciarnos de que somos un país de servicios. No podemos competir con los alemanes en fabricar coches, por ejemplo, pero sí en dar descanso a los demás. Es lo que mejor sabemos hacer. -¿Es el momento para que las cadenas salgan al extranjero? -No necesariamente hay que salir fuera. Creo que todavía hay mercado en España para hacer muchas cosas. -¿Cuál es nuestra asignatura pendiente? -Todo gira alrededor de que el cliente se vaya satisfecho, porque entonces volverá. La asignatura pendiente es la de crear personal especializado que sepa darle al huésped lo que éste demanda, como una simple sonrisa. Mi preocupación es que no lo estamos haciendo. -¿Es una profesión vocacional? -Sin duda. Cuando era profesor, el primer día siempre le decía a mis alumnos que esto es una profesión vocacional. El que no esté dispuesto a sacrificarse y brindarle una sonrisa al huésped, que no se dedique a esto. -Con los tiempos que corren... ¿Hay planes de expansión? -Yo no tengo un plan preconcebido, en eso suelo ser muy visceral. Pero sí tenemos algunas novedades para este año, como la apertura del octavo hotel en Túnez. -¿Qué ciudades le gustaría «conquistar»? -Me haría mucha ilusión ver la V de Vincci en París, en Roma o en Londres. Todo se andará.