Cupos globalización y modas pasajeras

La Razón
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Enhorabuena a los clasificados para la Copa, especialmente al Unicaja y al Akasvayu. Ya se sabe que lo que más cuesta es lo que más se disfru- ta y ambos han tenido que esperar hasta la última jornada para certificar su presencia en Vitoria. Mención especial también para el MMT Estudiantes, que remontó 27 puntos en Menorca en los últimos once minutos.

Clasificaciones al margen, en las últimas jornadas se han producido varios despistes al alinear jugadores sin respetar el cupo de seleccionables. No pasará a mayores porque parece que no ha habido mala intención. La conclusión es que el jugador seleccionable es una especie cada vez más escasa.

Entiendo que la globalización es un tren imparable al que debemos adaptarnos. No pretendo que sea- mos un reducto impenetrable al que no llegue ningún extranjero, pero sí que la apertura se haga con cierta lógica. Puedo entender, aunque me cueste bastante, que si hablamos de equipos profesionales, estos busquen como único objetivo la victoria. También, que para conseguirla intenten traerse a los mejores jugadores, sean de donde sean, aunque esto casi nunca resulte y degenere, además, en un cambio constante de jugadores. La mayoría son mediocridades que tapan la progresión de nuestros jóvenes.

Lo que se escapa totalmente a mi comprensión es ese afán que demuestran todos los equipos grandes, que alardean de canteras, pero que basan sus proyectos de futuro en jugadores extranjeros. No es que tengamos uno o dos jugadores en cada equipo de los que van a marcar época en el baloncesto europeo. No, no es eso. Actualmente encontramos en la mayoría de los equipos de formación de los clubes profesionales cinco o seis jugadores extranjeros. Sólo hay que darse una vuelta por algún campeonato de España o por algún torneo importante para comprobarlo. Por diversos motivos, su madurez física es mayor que la de los nuestros y a esa edad es algo decisivo, determinante.

Es cierto que hay quien dice que con este grado de competencia, los jugadores nuestros que salgan, aunque pocos, serán de un nivel altísimo, pero, yo me pregunto si merece la pena sacrificar a todos aquellos que no serán estrellas.

No dejemos que las modas pasajeras estropen una cantera de jóvenes valores que a nivel internacional está en un primerísimo plano. Si los cuidamos, tenemos paciencia y les damos confianza, estaremos asegurando el futuro.