De la ceja a la Meca

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Como al personal cada vez le cansan más los discursos una vez abierto el teatro de la campaña de la electoral, entramos en tiempos de promoción en manos de los publicistas, siempre dispuestos a inventar algún golpe de efecto que dé que hablar y anime la afición al chisme. ¿Cómo considerar si no ese concurso mimético que se ha montado alrededor de la ceja pícara de Zapatero?

Todo el tinglado de pantomima urgente organizado alrededor de esa plataforma de ceño por la paz a base de famoseo afecto al régimen ha cumplido por su repercusión en la Prensa y otros mentideros. Porque si los artistas progres de la reserva, la última guardia siempre lista para todo, como Víctor y Ana, Joan Manuel Serrat, Miguel Bosé, Pedro Almodóvar, Juan Echanove, Joaquín Sabina y demás crema de la izquierda exquisita hubieran proclamado por su cuenta una vez más su apoyo al presidente, no hubiera sido más que una repetición de lo archisabido, pero calculando el pico encima del guiño, han logrado poner una pica en el campo de las portadas.

 

Todo vale para la cuchufleta

Al final caemos una vez más en el culto a la imagen, y hasta el defectillo físico que antes querían depilar los asesores a ZP (no sé si ahora habrá que llamarlo Zejapé), ha terminado convirtiéndose en marca de la casa. ¡A ver si podéis igualarlo! Exclamarán, contando con que nadie va a imitar el entremés poniéndose las gafas y barbita de Mariano Rajoy. Porque para cejas, cejas, el PP podría tener las pobladas selváticamente de Alberto Ruíz-Gallardón, con su sombra plateada, pero después de la defenestración del Deseado, se han quedado solamente para fruncirlas en amargado desacato. ¿Quién se iba a esperar que la política acabara en símbolos capilares?

Es como si en tiempos de José María Aznar sus artistas simpatizantes, Norma Duval, Pedro Ruíz, Julio Iglesias, se hubieran colocado un bigote. Todo vale para la cuchufleta. Lo que es baba tonta es que la derecha se indigne, haga chanza y dé la barrila una vez más con la conocida matraca de la cultura del pesebre, lo mismo que la izquierda se rasgue las vestiduras de Armani por las declaraciones de los obispos. Al fin y al cabo, todos son consecuentes y cada cual vela por sus intereses.

Si se cambia la marca del zorro, la Z en la frente, por la puntiaguda expresión del sátiro, será tal vez que se está pensando en el pico que cada uno se va a llevar con poco que la providencia esté a su favor. Mientras, el mesías sigue apelando a la fe, con la promesa del paraíso, incluso fiscal, para los elegidos. Como el rayo que no ceja.