Evasión de capitales

El imposible fin de los paraísos fiscales

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El imposible fin de los paraísos fiscaleslarazon

MADRID- Sean o no uno de los principales causantes de la gigantesca crisis que está devorando la economía mundial a la velocidad del rayo, lo que es innegable es que los paraísos fiscales se han convertido en uno de los principales damnificados de la peor recesión de las últimas décadas. Los países desarrollados, con EE UU y Gran Bretaña a la cabeza, han declarado su intención de acabar con estas jurisdicciones que, año tras año, les «roban» miles de millones de euros en impuestos. Las grandes fortunas prefieren depositar sus fondos en estos estados, cuya nula o mínima tributación les permite ahorrar miles de millones de euros al año en tasas. De hecho, según cálculos del grupo de presión Tax Justice Network, los países más poderosos dejan de recaudar anualmente más de 200.000 millones de euros en impuestos por la fuga de capitales a los paraísos fiscales, que, además, ofrecen una ventaja de indudable atractivo: el secreto bancario. Y en estos tiempos de grandes planes de rescate, todo dinero que los estados puedan recaudar es bienvenido. Más presión Primero la cumbre de noviembre del G-20 en Washington y esta semana la Unión Europea han apostado por ir a por todas en su lucha contra los paraísos fiscales. Pero, ¿se trata de un objetivo factible o sólo de una quimera? Para los expertos, por más esfuerzos que se hagan, será casi imposible erradicar su existencia. Según los consultados, cierto es que en los últimos tiempos la presión ha aumentado. EE UU, por ejemplo, ha amenazado al banco suizo UBS con retirarle la licencia para operar si no revela el nombre de los titulares de 10.000 de sus cuentas. Pero, como dice Francisco de La Torre, portavoz de los Inspectores de Hacienda, «puede que se acabe controlando mejor sus actividades, pero no erradicándolos». «A corto plazo es complicado hacer mucho. A medio, se puede estrechar el círculo sobre ellos», coinciden en apuntar fuentes del sector financiero. ¿Por qué tan pesimistas pronósticos? La razón que todos los consultados esgrimen es muy simple: por mucha que sea la voluntad retórica de los países desarrollados para acabar con los paraísos, la voluntad real es mucho más cuestionable. «Son un negocio y, por esa razón, no van a desaparecer», afirma De La Torre. En los paraísos fiscales tienen dinero desde las agencias de inteligencia -dependientes de los gobiernos- hasta las empresas más grandes del mundo. Según el Observatorio de Responsabilidad Corporativa, el 51% de las empresas del Ibex-35 tienen una filial en algún paraíso fiscal. Doble juego «Lo que es imposible no se puede hacer, y no se puede acabar con ellos si los estados no quieren eliminarlos», resume Juan Iranzo, director general del Instituto de Estudios Económicos. Algunos de los países que dicen querer acabar con estos paraísos están inmersos en un doble juego cuando menos paradójico, pues tienen muchos de estos enclaves bajo su soberanía. No hay más que atender a su nombre: Islas Vírgenes de EE UU o Islas Vírgenes británicas. Para Iranzo, detrás de esta campaña contra los paraísos fiscales hay mucho de demagogia. «En este momento, la economía mundial tiene problemas mucho más graves de los que preocuparse como para centrar sus actuaciones en los paraísos fiscales», afirma Iranzo. Se logre o no, acabar con los paraísos sería «muy beneficioso», según De la Torre. En primer lugar, porque permitiría bajar los impuestos al poder incrementar la recaudación con las tributaciones de los fondos de los paraísos. Y en segundo, porque ayudaría a luchar contra el crimen organizado, que, amparado en el secreto bancario, blanquea miles de millones en estas jurisdicciones.