«Kun Kun Kun»

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Al igual que Arguiñano sin perejil o un ventrílocuo sin muñeco, no se entiende una columna futbolera actual sin Casillas incrustado entre las frases. Me he sentido en la obligación, como amante al fútbol, de hacer esta pequeña mención al campechano mejor portero del mundo. Aunque el protagonista del artículo de hoy sea Agüero. Espero que no haya en los días previos al derbi una querella por parte del «Kun» por haberle privado de unas líneas que iban destinadas a ponderar y alabar su espectacular temporada. Aunque, pensándolo bien, a lo mejor Iker no podría jugar el derbi por hurto… ¡Bah! ¡Tonterías mías!

A lo que íbamos: el delantero argentino del Atético está demostrando este año, como ya ocurrió con Sergio Ramos, que el dinero que cerró Toni Muñoz (que fue el que le fichó, para los que no lo recuerden) por su traspaso quedará en un segundo plano. Así lo demuestran detalles como el del partido de ida ante el Valladolid, en el que a pesar de ser sólo 20.000 los del Calderón, su salida al campo al grito de «¡Kun, Kun, Kun!» tuvo una coordinación, fuerza y sentimiento que sólo se ha escuchado con unos pocos elegidos.

En su primera temporada atravesó un corto periodo de confusión y adaptación, lógico para un chaval de 19 años con todo a la carta y viviendo en el deslumbrante Madrid. En este nuevo curso se presentó para la Intertoto reencontrado consigo mismo en el Mundial sub'20. Con las pilas cargadas y una silueta más estilizada, los flashes de la temporada anterior dieron paso a una constante luz deslumbrante a los ojos de los futboleros.

El menudo argentino no para de sorprendernos en cada actuación, al igual que a sus compañeros en cada entrenamiento. Generoso en el esfuerzo, talentoso en la definición y monstruoso en la creatividad, es de los futbolistas que hacen invisible el precio de la entrada y obligan a ponerte dos palillos en los ojos para no parpadear. En un tres para tres en el «papamóvil», el «Kun» encuentra un hueco por donde meterla. Detecto que la gente está ilusionada con su crecimiento, esperando que sea el abanderado en la próxima década.

Me tranquiliza que su cicerone oficial rojiblanco sea Dani Guzmán, amigo mutuo. Seguro que le está transmitiendo los valores atléticos y le impregna de ellos. Lo que no está en su mano es el peligro que corren estos jóvenes elegidos con un don especial. Los continuos cantos de sirena hacen que lo más importante corra peligro: la humildad. Ojalá ésta y un proyecto estable vayan de la mano. De ello dependerá el color que adquiera el futuro atlético. Por cierto, el Kun ya sabe lo que es marcarle un chicharrito al yerno perfecto, Iker Casillas.