«La economía estúpido»

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MADRID- La historia es conocida: se libraba la batalla electoral de 1992 entre Bush padre y Bill Clinton y, a priori, nadie daba un duro por el demócrata. De hecho, habían sido unas primarias extrañas, en las que nadie parecía querer batirse contra 12 años de hegemonía republicana. Más aún, cuando la Guerra del Golfo había terminado brillantemente, la URSS se descomponía a marchas forzadas y la estrella de estadista de George H. Bush brillaba en todo su esplendor. Y, sin embargo... La idea se le atribuye a James Carville, el director de la campaña demócrata, que colocó un cartel-recordatorio para los voluntarios en la entrada del cuartel general con tres frases: «El cambio contra más de lo mismo», «La Economía, estúpido» y «Mejoras en las prestaciones sanitarias». Sobre esos puntos debía girar todo el discurso electoral, pero, claro, la que hizo fortuna fue «La economía, estúpido», convertida en el lema de la campaña. Y Bill Clinton ganó. Las prestaciones sanitarias no mejoraron mucho -es la eterna promesa demócrata-, pero se desregularizó la economía, se estabilizó el presupuesto, se corrigió el déficit y el país entró en una nueva era de prosperidad. «Es la Economía, estúpido», regreso ocho años después, pero con el hijo de Bush como candidato republicano. Por aquel entonces, la situación era de «principio de recesión», ciertamente exagerada en la campaña, y también funcionó. De hecho, lo primero que hizo el nuevo presidente fue cumplir sus promesas de reactivación económica con una bajada de tipos de interés extraordinaria: del 6%, al 1,75%. El crédito barato y la liberación de las barreras comerciales fueron como el maná y el mundo asistiría atónito a una de las mayores expansiones económicas conocidas. Ahora, muchos analistas señalan a esa bajada del precio del dinero como la gran responsable de la depresión actual, pero esa es otra historia. Porque lo que importa es que, una vez más, «La Economía, estúpido» es la frase que subayace en el final de esta larga campaña, aunque Barack Obama no haya querido pronunciarla, tal vez por demasiado manida. «Antes pagaba 2.000 dólares de hipoteca, ahora, 6.000», decía un joven cubano-americano al explicar por qué su abuela iba a votar por el candidato demócrata y no por el republicano, como había hecho toda su vida. Los últimos datos económicos se han hecho públicos a 48 horas de las elecciones: pese al descenso forzado de los tipos de interés -nada menos que 3,75 puntos en una año, y a la devolución a última hora de 150.000 millones de dólares en impuestos, el consumo privado en Estados Unidos, el motor del sistema, ha vuelto a caer en el trimestre un 0,3. Hay menos dinero en los bolsillos y cierta desconfianza en el futuro. Tal vez, sea, al fin y al cabo, la «Economía, estúpido», lo que cuenta. Porque la sanidad ya no se lo cree nadie.