La gran coalición

La Razón
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La propuesta de reforma constitucional que el Partido Popular ha planteado en su Conferencia sobre el Modelo de Estado encierra un profundo calado político. La apelación al consenso y de mano tendida al PSOE, en un valiente desafío a los nacionalistas y a las potentes fisuras territoriales, vaticina un camino hacia la gran coalición postelectoral. Es decir, un firme pacto entre los dos grandes partidos nacionales, si bien el PSOE de Zapatero ha pervertido este concepto en su acción de Gobierno. Los últimos acontecimientos, poniendo en almoneda a España como nación, los desvaríos estatutarios, el soberanismo en la calle, el tan llamado «derecho a decidir» y la respuesta terrorista, planean en el ambiente.

Hace días que, con el mayor sigilo, destacados dirigentes del PSOE y el PP han hablado sobre el asunto en el Congreso y locales cercanos. Muchos socialistas sensatos piensan que Zapatero ha ido demasiado lejos y ello explica fichajes como Solbes o Bono, en un canto de españolismo. Las urnas están muy cerca y el llamado empate técnico vaticina varios escenarios. De ahí que la propuesta defendida con firmeza por Rajoy es un compromiso responsable y oportuno. La exigencia de dos tercios para la reforma de los Estatutos y las iniciativas sobre el desbloqueo de la Justicia avalan este consenso, aún en el caso improbable de que algún partido alcanzara la mayoría absoluta.

Rajoy ha puesto en un brete a Zapatero. El PP siempre fue reacio a modificar la Constitución, pero su cambio de estrategia revela que la situación se ha desbocado. La oferta popular no supone un receso, un paso atrás en el Estado autonómico, sino una manera de imponer orden y cordura. Es posible, como dijo Zaplana, que el presidente prefiera una «España rota», antes que una gobernada por el PP. Pero el acuerdo que ofrece el primer partido de la oposición es el único atajo a veleidades separatistas peligrosas. A cien días de la fecha electoral, se esboza esa necesaria coalición. Las urnas dirán si con Zapatero o sin él.