La pildorita

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Entre las recetas para salir de la mayor recesión económica desde Chindasvinto, destaca por su importancia el anuncio de zapatero de dispensar píldoras abortivas a las adolescentes sin necesidad de receta, control sanitario o autorización paterna. Con esta decisión y el regalo de un ordenata a los escolares salimos de la crisis en cuestión de un par de semanas. Aprende Obama. La ministra de sanidad, Trinidad Jiménez, está que no cabe en sí de gozo, convencida de que lo mejor para las niñas españolas es que puedan darse un chute de hormonas en forma de pastilla cada lunes ante la duda de si, entre las brumas etílicas del sábado sabadete, el Yoshua se puso o no el «impermeable» «Grageas la Trini y olvídate de la gomita», podría ser el eslogan para promocionar el uso de un medicamento entre las adolescentes españolas sin el menor control. Si una niña de catorce años tiene una infección de garganta, el farmacéutico no le dispensa el antibiótico a no ser que acuda con la receta preceptiva. Ahora bien, si quiere provocarse una tormenta hormonal para evitar un bombo, lo podrá hacer sin el menor inconveniente. Y los padres a callar, no sea que la hija les denuncie por menoscabar su derecho a la salud reproductiva. Al cabo de los años de consumo continuado de estas grageas es probable que surjan algunos contratiempos en la salud de estas chiquillas, pero échele usted entonces un galgo a Zapatero. Y el ministro de trabajo, mientras tanto, pidiendo un aumento de la natalidad para poder pagar las pensiones. ¿Es o no es para darles unos gorrazos?