Leche versus Coca-cola

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En estos momentos debería resultar mucho más barato tomarse, en los bares y restaurantes, un vaso de leche que una Coca-Cola. En los supermercados, la mayoría de las leches, sobre todo las llamadas de marca blanca, cuestan menos que la misma cantidad del citado refresco. Cualquiera puede hacer la comprobación en la tienda a la que acuda habitualmente. La comisaria de Agricultura puso el dedo en la llaga la semana pasada, durante la presentación de la Comunicación que habían pedido los Jefes de Estado y de Gobierno de la UE, cuando lamentó que los consumidores europeos no tengan conciencia de lo que cuesta producir un litro de leche, ni del momento por el que atraviesan los ganaderos. Mariann Fischer también se quejó de que muchos de esos consumidores busquen una leche barata y, al mismo tiempo, no les importe pagar más por los refrescos, como el que da título a este comentario. La situación de crisis por la que atraviesa el sector lácteo español y comunitario va a dejar en la cuneta a muchos ganaderos, que tendrán que abandonar sus explotaciones. Por eso no sería de extrañar que dentro de unos meses se dé la vuelta a la tortilla y nos encontremos en una situación de falta de oferta de leche de vaca y los precios suban y suban. Entonces los consumidores nos quejaremos de lo caro que es este producto. Bueno será pararse a reflexionar sobre lo que cuesta producir un litro de leche: hacen falta las instalaciones de las granjas, las vacas, los ganaderos, el camión que recoja el producto, las fábricas para transformarla y envasarla y, finalmente, llevarla al punto de distribución. Hecho esto, comparemos ese proceso con el de elaboración de un refresco o gaseosa y, cuando vayamos a la compra, hagamos lo mismo con los precios de estos últimos y de la leche. Por una vez la comisaria ha estado acertada en el ejemplo. Claro que, por otro lado, ella tampoco hace mucho por solucionar la crisis.