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Muere Kung Fu

Muere Kung Fu
Muere Kung Fu

Saltó a la fama en la década de los setenta por su papel en la serie de televisión sobre artes marciales «Kung Fu» , en la que interpretaba al monje vagabundo Kwai Chang Caine. La imagen oriental característica de este papel, labrada durante 63 capítulos, le acompañaría durante toda su carrera cinematográfica, de la que destaca su participación en la saga de «Kill Bill» de Quentin Tarantino. Rob Schneider resucitaría su personaje de maestro de artes marciales en la comedia «Big Stan» (2007), la última cinta destacable de la filmografía del intérprete.
Hippy convencido
Ahora, y con 72 años, estaba rodando una película en Tailandia, donde fue hallado muerto ayer en la habitación de un hotel en Bangkok. Aunque en un primer momento se dijo que las causas de la muerte fueron naturales, varios medios locales aseguran que pudo haberse ahorcado.
Nacido en Hollywood, California, en el seno de una familia de actores (era hijo del legendario John Carradine y hermano de los también actores Keith Carradine y Robert Carradine), desde un primer momento el pequeño saltamontes se rebeló contra su condición de hijo de famoso, probablemente debido a sus continuos viajes con la compañía teatral de sus padres y los consecuentes cambios de escuela. Su inconformismo le llevó a convertirse en uno de los fundadores del movimiento hippy estadounidense y a vivir en comunas. Su gran sueño era ser granjero, pero, pocos años después, cambió los campos de Vermont por los escenarios para dedicarse a la música y la interpretación. Sus primeros papeles, muchos de ellos de obras de Shakespeare, desvelaron sus aptitudes para el drama, por lo que comenzó a trabajar también en el cine y la televisión.
Tras haber participado en películas tan populares como «Malas calles» (1973), de Martin Scorsese, su carrera cinematográfica se estancó tras aparecer en «Cannonball» (1976), «El huevo de la serpiente», de Ingmar Bergman (1977), «Alerta roja: Neptuno hundido» (1978), de David Greene, y «El desafío del cóndor», de Barry Brown (1980), y sólo apareció en títulos independientes y de poco presupuesto a partir de los 80. No fue hasta 2003 cuando Tarantino, especialista en recuperar del olvido a antiguas glorias de la interpretación, le dio el papel protagonista del díptico de «Kill Bill».