Ottocento: el penúltimo festín

Antes de que nos pongamos a plan, o al menos de que lo intentemos, no olviden que todavía faltan días para echar el cierre a la Navidad. Vale que la cuesta de enero no augura buenos tiempos para el ocio, pero los Reyes Magos se merecen un penúltimo festín. De ahí que la elección de esta semana sea Ottocento, uno de esos locales que se mantiene -y se mantendrá si sigue así- más allá de las modas. Y decimos esto porque su creciente fama como lugar perfecto para celebrar fiestas privadas y alargar las sobremesas a ritmo de cóctel no significa que su carta no sea más que notable. El buen hacer de Guillermo Pepe a la hora de mezclar cocina de primera con ambiente ídem da como resultado un restaurante tan acogedor como agradable cuando se trata de darle placer al estómago. Pastas y panes caseros Las empanadas de carne argentina son un entrante contundente para quien ni se plantee la palabra «dieta», pero los más temerosos de la báscula podrán abrir boca con el grillado de verduras sobre tibia salsa de queso y tomates frescos. Sin embargo, lo mejor aquí es no emocionarse con el arranque y rendirse a las pastas -que, como los panes, son de elaboración casera-, lo mismo al ravioli de espinaca y ricota con salsa de gorgonzola y salmón ahumado que a los spaghetti con marisco en suave manteca de ajos. El risotto con setas de temporada y aceite de trufas merece capítulo aparte, aunque quien lo pida quizá se resista a pasar de página, con lo que eso conlleva: perderse la carta de carnes. El ojo de bife, trescientos gramos de carne argentina, es el rey de la casa, con permiso de la tira de ternera en vino tinto, otra delicia porteña que Guillermo recomienda con el poder de convicción que da su tierra. Para terminar, imaginen que los panqueques son los más demandados, pero el volcán de chocolate y el tiramisú arrasan cuando la opción es compartir. La carta de vinos es correcta, con sus correspondientes guiños a Argentina y un mayor hincapié en los tintos, aunque se echa de menos un poco más de variedad en el apartado de nacionales, entre los que destacan el excelente Protos joven de la Ribera del Duero y los sobrevalorados y poco recomendables lambruscos italianos. De acuerdo, los expertos dicen que los hay buenos, pero quienes no lo somos seguimos sin encontrarlos. Por eso preferimos los cócteles que Ottocento ofrece como colofón antes de la dieta.