Pánico en el cajero: la última «moda» del crimen juvenil

Los ataques contra indigentes se han disparado en los últimos tiempos. Los autores suelen ser chavales acomodados que sienten un odio profundo hacia los más vulnerables. La última víctima fue un vagabundo que dormía en un cajero automático.

Pánico en el cajero: la última «moda» del crimen juvenil
Pánico en el cajero: la última «moda» del crimen juvenil

Desde el 30 de septiembre de 2000, cuando se descubrió muerto a golpes a Julio Jesús Millán Salanova, un indigente de 78 años, en Zaragoza, la macabra moda de atacar al más débil se ha ido extendiendo por todo el país. Entonces, un chico de 20 años fue imputado por homicidio después de que se le encontraran restos de la víctima –cabellos y carne– en sus botas de puntera reforzada. En su legítimo alegato de defensa, adujo que había estado en la escena del crimen, pero que los restos se adhirieron a sus pies sin que él tuviera nada que ver en la tortura y muerte de aquel hombre solo y desprotegido.Los muchachos que atacan a personas sin hogar, refugiadas en cajeros automáticos o la puerta de garajes, imitan la furia asesina del protagonista de «American Psycho», la novela de Brett Easton Ellis, que apuñala a los que piden limosna para divertirse. Probables psicópatas, estos jovencitos se han extendido por la geografía y han aumentado su número. Lo sorprendente es que suelen ser de familias de clase media o media alta, sin necesidades acuciantes y por lo general debidamente socializados. Sin embargo, por ideas nazis o xenófobas desarrollan una gran agresividad contra los más desprotegidos, cuya mera presencia los ofende.Navajas y cadenas El siguiente caso de trascendencia fue supuestamente cometido por tres jóvenes en la madrugada del 28 de agosto de 2002. Tuvo lugar en Madrid. Los delincuentes atacaron a Antonio Micol Ortiz, un mendigo que pernoctaba en el rellano de acceso a un garaje. Los hechos se consideraron como asesinato con agravantes y se solicitaron penas de 25 años de prisión. El mendigo se había echado a dormir, pacífico y reservado, cuando los brutales jovenzuelos se dirigieron a él armados con barras de hierro, cadenas de moto y navajas. La mera visión de aquel hombre desaliñado les produjo una respuesta airada. Empezaron a golpearle sin ceder a sus súplicas. En un primer momento, lograron escapar tras dejar al hombre herido de muerte. Sin embargo, fueron descubiertos debido a varias pistas que dejaron en su huida.En diciembre de 2005, en Barcelona, se produjo otro alarde de este tipo. Esta vez fueron tres jóvenes, uno de ellos menor, quienes quemaron viva a una mendiga, María Rosario Endrinal, de 50 años. Sus defensores insistieron en que nunca pretendieron matar a la mujer, sino sólo molestarla. Sin embargo, el tribunal argumentó que «actuaron conscientes de la altísima probabilidad de la muerte de Rosario». Por eso, condenó a dos chicos, Oriol Plana y Ricard Pinilla, a 17 años de prisión por asesinato, mientras que el tercero recibió un trato individualizado bajo la Ley del Menor.Cámara estropeadaLa pesadilla se reprodujo hace unas semanas en Alicante, cuando un chico de 17 años atacó a un indigente en un cajero simplemente porque «le molestaba». El agresor golpeó en la cabeza a un ex vigilante jurado de 42 años hasta dejarle inconsciente. Acto seguido trató de quemarlo. Al igual que el asesinato de la mendiga de Barcelona, el crimen sucedió en una oficina de La Caixa. Sin embargo, en esta ocasión la cámara no estaba operativa, así que no existen imágenes de la agresión como las que provocaron que el caso barcelonés se hiciera infinitamente famoso.El atacante y la víctima se conocían con anterioridad, así que el ataque debió de estar causado por algún episodio anterior. Fue un vecino quien alertó a la Policía. Cuando llegaron los agentes sorprendieron «in fraganti» al joven con un papel ardiendo. A sus pies estaba tendido el cuerpo de un hombre con la cabeza y el rostro llagados por golpes y quemaduras. Los agentes apagaron el fuego y se llevaron al herido a urgencias. La víctima fue ingresada en coma por lesiones del cráneo y quemaduras. Mientras, la juez de menores decidió que el joven, que tiene antecedentes policiales por robo, sea internado durante seis meses en un centro cerrado.