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«Te mataré y me llevaré al niño»

Con 23 años, Kristiina llegó en 2000 a España desde Tallin (Estonia). Cursaba Económicas cuando conoció en Madrid a José Wilfredo Pajares, colombiano nacionalizado español y once años mayor. Salieron juntos, pero su relación era muy inestable. «Provocaba broncas y peleas». Tuvo que decir basta porque «ya no lo soportaba». Tampoco ayudaba la forma que tenía José de ganarse la vida, comenta. Iba a terminar con él. Pero en 2005 se verían unidos por el nacimiento de Joseph. «Él quería que abortara. Pensaba que no era el padre». Desde el 27 de octubre de 2008, día en el que su madre le dejó en la guardería, Kristiina no ha vuelto a ver al niño. Su padre lo secuestró y se lo llevó a Lima.

 

«El niño llegó con moratones»La Justicia da la razón a madres como Kristiina, pero luego no pueden recuperar a sus hijos por las trabas burocráticas. En enero, el juzgado de Instrucción nº 24 de Madrid envió un documento a Lima en el que se pedía la restitución del menor. Nadie le ha devuelto aún a Joseph, aunque el Convenio de la Haya señala la ejecución de sentencias extranjeras en los países miembros. Tras nacer el niño, la pareja intentó «crear una familia». Sin embargo, «él continuaba insultándome». Y rompieron. Cuenta Kristiina que, ya separados, «recogía al niño y estaba 3 o 4 días» sin aparecer; alguna vez, el niño llegó con moratones; José también hizo que el pequeño tuviera pasaporte peruano; y demandó a la joven por «amenazas con arma blanca», juicio del que salió absuelta. Piensa Kristiina que su ex pareja allanaba el terreno. «Quería que me quitaran a Joseph». ¿El objetivo? Según ella, hacerle daño. En 2006, denunció la joven, José le dijo: «Voy a coger un cuchillo y te voy a matar (...) Me iré a la cárcel sabiendo que te he matado (...). Me lo llevaré [a Joseph] cuando quiera».

 

El Juzgado de Familia le asignó a la madre la custodia y al padre la pensión alimenticia, que fue «incumplida». En octubre, José se llevó al pequeño a Perú, pese a tener prohibido sacarlo de España. La jueza de Madrid envió la orden de restitución al Ministerio de Justicia, que a su vez la mandó al Gobierno peruano. Concretamente al Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social. Sin embargo, los juzgados andinos no aceptan el caso. Kristiina tuvo que viajar al país. El Ministerio peruano pidió a la Interpol que localizara al padre y al hijo. El niño estaba en casa de sus abuelos. Pero sin una orden de detención del juzgado peruano, Interpol no puede intervenir. «Sospechamos que José ha podido sobornar a gente del Gobierno y del Juzgado», aclara la madre.

 

El Juzgado de Madrid no ordena la extradición del padre porque «no se puede privar de libertad a una persona más tiempo de la mitad de la pena que le caería en prisión provisional». Dice Kristiina que la jueza les aconsejó: «Ir a la Prensa y ¿fabricar¿ la noticia¿». De lo poco que sabe del pequeño es que tiene anemia. Mientras, el padre ha puesto una demanda para obtener la custodia. Aduce «que está amenazado por ETA» y que nuestro país «no brinda las garantías requeridas para un menor» para no regresar a España. Kristiina está desesperada. «Lo veo fatal. Hay un Código Penal, pero no hay leyes. Hay más de cien niños secuestrados. Y habrá más. El padre le contará cosas malas sobre mí. Y la familia le tapará».