Crudo relato del crimen de Fátima Aldrighetti: “Mario quería una novia joven”

Entre 2000 y 2019 casi cuatro menores fueron asesinados en México cada día

Maria Magdalena, mother of Fatima Cecilia Aldrighett, who went missing and whose body was discovered over the weekend inside plastic garbage bag, reacts as Fatima's coffin arrives at their house in Mexico City
María Magdalena, madre de Fátima, de 7 años, que desapareció el 11 de febrero reacciona cuando el ataúd de Fátima llega a su casa en la Ciudad de México, México, el 17 de febrero de 2020. (REUTERS / Edgard Garrido)EDGARD GARRIDOReuters

Los asesinos confesos de la niña de siete años Fátima Aldrighetti Antón han relatado las circunstancias en las que cometieron el horrendo crimen que tiene conmocionado a México. Giovana Cruz reconoció que se la llevó de la puerta de la escuela y se la entregó a su pareja, Mario Reyes, que presuntamente abusó sexualmente de la niña. Después, ambos la mataron asfixiándola con dos cinturones. Este sábado se cumple una semana de la aparición del cadáver de Fátima, dentro de una bolsa de plástico, en un barrio popular del sur de la Ciudad de México.

Giovana Cruz testificó ante las autoridades que Mario Reyes le había pedido “una novia joven”, que le durase mucho tiempo. Tenía miedo porque el hombre había amenazado en repetidas ocasiones con abusar de sus dos hijas, ambas de corta edad y por eso le entregó a Fátima. Giovana Cruz ya conocía a la niña, había vivido un tiempo con Fátima y su madre, Magdalena Antón. Las dos mujeres se conocieron en una fiesta hace pocos meses y Magdalena le había ofrecido quedarse en su casa porque Giovana estaba huyendo de su pareja, que “había amenazado con golpearla y quemarla”, dijo Magdalena Antón al diario Milenio. En ese tiempo que compartieron bajo el mismo techo Giovana se dio cuenta de que Fátima estaba desatendida y su madre no le prestaba la atención debida.

Cuando se la entregó a Mario Reyes, este le pintó las uñas a la niña y la vistió con un vestido que le acababa de comprar, siempre según su relato, publicado por el diario El Universal. Giovana también confesó que la estrangularon entre los dos. Cuando se percataron de que estaban siendo buscados se deshicieron del cuerpo y huyeron de la ciudad. Se fueron al municipio Isidro Fabela, en el Estado de México donde Mario Reyes tiene una tía, Irma Reyes, que los recibió y les dio cobijo durante tres días, sin saber lo que habían hecho, según dijo a la prensa. Cuando vio en la televisión sus rostros, les hizo confesar y los entregó a la Policía.

Irma Reyes dijo que su sobrino, al que hacía más de veinte años que no veía, se presentó en su casa, a 30 kilómetros de la capital, buscando una habitación de alquiler. Lo acompañaba su esposa, Giovana Cruz y los tres hijos de la pareja. Esto sucedió el domingo 16, un día después de que apareciese el cuerpo de Fátima. Ella les facilitó un cuarto cercano a su vivienda y no los volvió a ver hasta un par de días después. El miércoles 19 reconoció sus rostros en la televisión. “Entonces, bajo y los encaro: ¿Ustedes hicieron esa infamia? Están en la tele”. Según la narración de Irma Reyes, Giovana le reconoció que ambos la mataron con sendos cinturones. Ella la ahogó primero pero no tenía fuerza suficiente así que él la remató.

Después del abuso sexual, la niña lloraba mucho, se asustaron y Mario decidió que la mataran. “Él siempre me decía que quería un regalito, una niña para que fuera su novia y que si no se la llevaba, él iba a hacerlo con mis hijas. Por eso me fui por Fátima. Yo se la llevé”, le dijo Giovana a la tía de Mario.

La horrenda muerte de Fátima Aldrighetti está plagada de marginalidad y abandono. El padre de la niña padece demencia senil y la madre sufre una enfermedad mental, según dijo la Fiscal General de la Ciudad de México, Ernestina Godoy. La tía de la menor, Sonia López, denunció que la niña vivía en una situación precaria y las autoridades no se hicieron cargo de ella. “Había un proceso de salud mental y no se siguió, no se le dio la atención, es algo que ya se había reportado algo que ya habíamos pedido”. El Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia de la Ciudad de México confirmó que la familia tenía un expediente abierto desde el año 2015 por descuido y maltrato emocional hacia tres niños, una de ellas Fátima que por entonces tenía dos años. En aquel momento una trabajadora del DIF visitó a la familia y el expediente se cerró en 2016. Un año después, según consta en el mismo informe, Sonia López denunció descuido y negligencia por parte de los progenitores y solicitó información para conseguir la custodia de sus sobrinos, aunque el proceso no continuó.

Una vez detenidos, los presuntos asesinos de Fátima ofrecieron dinero a la Policía para que los dejara partir. Una cantidad entre 250 y 500 euros según Omar Harfusch, secretario de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México. Por el intento de soborno pudieron detenerlos mientras llegaba la orden de la Fiscalía con la acusación de secuestro, violación y asesinato.

Finalmente en la tarde de este viernes se presentaron las órdenes de detención y los acusados serán internados de inmediato en dos centros penitenciarios, aunque las horas previas se vivieron con gran preocupación por la posibilidad de que la acusación formal no llegara a tiempo en el plazo de 48 horas a que obliga la ley y los presuntos feminicidas quedasen en libertad.

La confianza de la sociedad mexicana en el sistema de justicia es mínimo y la rapidez de las instituciones para resolver este caso es una excepción, en un mar de casos sin resolver, empujada por la notoriedad pública que ha alcanzado. La realidad de México es que la impunidad llega al 94,6% de los delitos que se denuncian, según el último informe de México Evalúa, una organización observadora de las políticas públicas. En siete estados supera el 99%.

Las cifras de asesinatos de niños son muy preocupantes. Entre 2000 y 2019 casi cuatro menores son asesinados al día y en el último año siete menores desaparecen cada 24 horas, en base a datos de la Red por los Derechos de la Infancia en México.