Pacto con los talibanes

Aftermath of USA-Taliban Peace deal
Oficiales de seguridad afganos revisan a un conductorGHULAMULLAH HABIBIEFE

El conflicto en Afganistán parece interminable. Desde que las tropas soviéticas invadieron el país en 1979 no ha habido tregua alguna y el conflicto se ha ido enredando en una maraña de disputas que han generado una situación cada más compleja y todavía más difícil de resolver. El acuerdo que han alcanzado Estados Unidos y los talibanes, que controlan gran parte del territorio y que tienen una capacidad mortífera a través de la comisión de atentados, abre de nuevo un camino a la esperanza. El objetivo último no es otro que pacificar el país mediante cesiones y concesiones por una y otra parte y lograr, con ello, la reconciliación entre los afganos. EE UU se ha comprometido a retirar sus tropas de suelo afgano en un plazo de catorce meses, lo que traduce la postura política que hace algún tiempo expresó la Administración Trump. La guerrilla talibán se ha comprometido, esencialmente, a no cometer actos terroristas, no prestar el territorio que controla a grupos que pueden perpetrar estos actos e iniciar un diálogo de pacificación con el Gobierno de Kabul. La clave sigue estando en el cumplimiento del acuerdo, sobre todo, por la parte de los talibanes una vez que Washington está decididos a que sus fuerzas abandonen el territorio afgano. Entre la cautela y el escepticismo caben muchas previsiones. Es posible que este acuerdo suponga el inicio de la pacificación, pero hay que temer muchos obstáculos en su consecución y, también, contemplar el eventual fracaso en los resultados que se esperan obtener con el acuerdo. La profunda división entre los líderes afganos, más allá de los talibanes, es un escollo difícil de superar y puede conducir al triunfo político de la guerrilla. El futuro de Afganistán es tan incierto como antes de la firma del acuerdo, con la única salvedad de que ahora todas las partes conocen cómo sería el país si se retorna a la situación anterior. Solo cabe esperar que cese la violencia y comience el diálogo. Infortunadamente, las dos cosas serán difícil de lograr.