Los asesinos que se volvieron irresistibles entre rejas

La última en enamorarse de un homicida ha sido la artista rusa conocida como Jenny Curpen

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En los países con derechos humanos tenemos la libertad de elegir de quién nos enamoramos. Algo que damos por sentado, pero que no está logrado en muchas partes del mundo. Ser libre también pasa por poder fijarnos, soñar y pasar a la acción con quien hayamos decidido. Otra cosa es que nos correspondan. No obstante, el rechazo también es sinónimo de libertad. Conozco a saudíes a las que obligaron a casarse con un primo segundo. Es decir, con alguien de «buena familia».

Por eso llama tanto la atención las personas que se enamoran de hombres privados de libertad en, digamos, Occidente. Esos asesinos del mundo libre que se vuelven atractivos e irresistibles entre rejas. Dan igual las atrocidades que han cometido o que sean misóginos. Tampoco que hayan sido capaces de quitar vidas. Ni siquiera que hayan disfrutado apagándolas. Su encanto traspasa las paredes del correccional.

En sus garras caen todo tipo de perfiles no solo periodistas, abogadas, enfermeras y trabajadoras sociales, como acostumbramos a ver en series y películas. Sheila Isenberg ya lo investigó en su libro «Women Who Love Men Who Kill» (Mujeres que aman a hombres que matan). Su obra describe a mujeres reales, en su mayoría con una infancia complicada, que por egocentrismo o por falta de ego se enamoran de asesinos en serie.

Fascinadas por los reyes del mal, que tantas portadas e informativos han llenado, rompen con todo por una historia de amor que se vuelve platónica hasta el próximo vis a vis. Algunas hasta llegan a dar el paso de casarse con ellos en prisión. Los homicidas no lograron convencer al gran jurado, pero sí a ellas: todas creen que son inocentes. Enamoradas de la idea del amor son capaces de dejar sus crímenes a un lado en pro de la ilusión.

Ted Bundy y Carole Anne BooneLa RazónLa Razón

Le ocurrió a Carole Anne Boone con el perverso Ted Bundy. Asesino en serie, violador, necrófilo... confesó una treintena de homicidios cometidos durante los años setenta en EE UU. Su historia se afianzó en plena apoteosis de juicios en su contra por todo el país. Se casaron en 1979 y a los dos años tuvieron una hija que, según quién lo narre se llamó Rose o Bundy. Fue ejecutado en 1989.

La última en enamorarse de un homicida ha sido la artista rusa conocida como Jenny Curpen. En diciembre de 2019 se casó con Peter Madsen, el excéntrico inventor danés que violó, asesinó y descuartizó a la reportera sueca Kim Wall a bordo de su submarino.

Momento en el que Peter Madsen es rodeado por las fuerzas del orden tras escaparse de la cárcel el 20 de octubre en Albertslund, DinamarcaRITZAU SCANPIXvia REUTERS

«Mi esposo cometió un crimen horrible y es castigado por eso. Conocerlo de verdad me da el derecho exclusivo de decir que tengo la suerte de estar con la persona y el hombre más hermoso, inteligente, talentoso, devoto y empático que jamás haya existido», escribió Curpen cuando se hizo público su matrimonio.

El martes, Madsen intentó escapar de la cárcel donde cumple cadena perpetua.