El príncipe Eduardo, el nuevo duque de Edimburgo

El hijo menor de Isabel y Felipe abandonó los Marines Reales antes de graduarse y dedicarse a la producción televisiva y teatral

Los duques de Wessex llegan ayer a Windsor tras la muerte del príncipe Felipe
Los duques de Wessex llegan ayer a Windsor tras la muerte del príncipe FelipeDPA vía Europa Press

El Ducado de Edimburgo no es tan ajeno a los españoles. La princesa Beatriz de Sajonia-Coburgo Gotha, esposa del Infante Alfonso de Orléans, nieto de Isabel II de España, fue también infanta y era hija del príncipe Alfredo, duque de Edimburgo, luego duque de Sajonia-Coburgo Gotha, y de la gran duquesa María Alejandrovna de Rusia. De hecho, “Bee”, como era llamada en familia, era conocida como Beatriz de Edimburgo. Su padre era el segundo de los hijos varones de la reina Victoria del Reino Unido y del príncipe consorte Alberto de Sajonia-Coburgo Gotha. La vida de Bee ha sido relatada con maestría por la recientemente desaparecida Ana de Sagrera que llegó, como el último Duque de Edimburgo, casi a los cien años de edad.

Este ducado es lo que los británicos llaman un “substantive title”. Estos títulos son conferidos habitualmente en alguna ocasión dinástica importante, ya sea el bautizo de un nuevo miembro de la Familia Real, al alcanzar la mayoría de edad, o con ocasión de contraer matrimonio. Felipe, duque de Edimburgo, lo recibió con motivo de su boda en 1947 con la entonces princesa Isabel, además de recibir los títulos de Conde de Merioneth y Barón Greenwich. Felipe había renunciado a sus títulos de príncipe de Grecia y Dinamarca y a sus derechos sucesorios a la corona helena, se nacionalizó británico y tomó el apellido de su madre anglicanizado: Mountbatten.

Un caso bien conocido, por su peculiar actitud y sus escandalosas declaraciones, es el príncipe Enrique, que recibió el ducado de Sussex en 2018 antes de su enlace con la no menos provocadora Meghan Markle. Lo mismo sucedió con su hermano Guillermo, hecho duque de Cambridge en 2011 con motivo de su boda. Anteriormente y por la misma razón, el príncipe Eduardo fue hecho en 1999 conde de Wessex y el príncipe Andrés, convertido en 1986 en duque de York. Pero no son sólo las bodas los motivos para que el monarca británico otorgue estos títulos de la Casa o “substantive titles”. Eduardo VIII del Reino Unido recibió el ducado de Windsor al abdicar para casarse con la dos veces divorciada norteamericana Wallis Simpson. Algunas primogénitas de los reyes británicos, pero no todas, reciben el título de Princesa Real. Así sucedió en 1987 con la princesa Ana, hija mayor de Isabel II y del Duque de Edimburgo, divorciada de Mark Phillips, y casada luego en Escocia, puesto que su Iglesia permite el matrimonio entre personas divorciadas, con el vicealmirante Sir Timothy Laurence.

También el título de Príncipe Consorte requiere expresa concesión. Oficialmente sólo ha habido uno, el citado príncipe Alberto, esposo de la reina Victoria, ya que el otro consorte real desde entonces, Felipe, nunca recibió el título de Príncipe Consorte, aunque fuera el consorte de la Reina, sino el de Príncipe del Reino Unido, que su esposa le otorgó en 1957. Algunos otros ducados de la Casa los ostentan parientes de la Reina, como el de Duque de Gloucester o el de Duque de Kent. Otros, como el de Duque de Clarence -Clarence y St. Andrews en el siglo XVIII y Clarence y Avondale en el siglo XIX-, y los de Duque de Albany y de Cumberland y Teviotdale, suspendidos en 1919 tras la Ley de Privación de Títulos de 1917, no están ya en uso. Otro ducado real, el de Lancaster, no usado como tal desde 1413, forma parte del patrimonio nobiliario de la actual soberana, lo mismo que el de Rothesay y el de Cornualles (o Cornwall en lengua inglesa) pertenecen al Príncipe de Gales, aunque es su segunda mujer, Camilla, la que utiliza el de

Cornualles, cuyos 570 km2 de tierras proporcionan considerables ingresos libres de impuestos a Carlos, aunque él los paga voluntariamente.

El hijo menor de Isabel II, el príncipe Eduardo, recibió en 2019 el condado escocés de Forfar con motivo de su 55 cumpleaños. Era ya conde de Wessex, pero cuando recibió este título al casarse con Sofía Rhys-Jones, no le fue otorgado ningún título escocés, como sí habían recibido su hermano Andrés, conde de Inverness, o sus sobrinos Guillermo, conde de Strathearn o Enrique, conde de Dumbarton.

Felipe ha sido el cuarto en llevar el título de Duque de Edimburgo, siendo precedido por el príncipe Federico, nieto de Jorge I, que lo recibió en 1726, el príncipe Jorge, convertido luego en Jorge III, y el citado príncipe Alfredo, padre de la Infanta Beatriz de Sajonia-Coburgo Gotha. Ahora bien, ¿Quién será el siguiente Duque de Edimburgo? Cuando Jorge VI concedió el título a su yerno, se preveía que a su muerte le sucediese su primogénito, pero cuando en 1999 se casó Eduardo, Buckingham Palace afirmó que tras la muerte de Isabel II y el ascenso al trono de Carlos, Eduardo se convertirá en Duque de Edimburgo.

No podemos olvidar que es persona especialmente afín a todo lo cultural y artístico, y que ha colaborado estrechamente con su padre en el Premio Internacional Duque de Edimburgo fundado por éste en 1956, dedicado a premiar logros de la juventud en diversos programas de voluntariado, actividades físicas, expediciones, etc. Ya en 144 países, es el más importante premio para la juventud. Eduardo abandonó los Marines Reales antes de graduarse para dedicarse a la producción televisiva y teatral. Es patrono de infinidad de instituciones deportivas y musicales. Y cuando su padre se retiró de sus obligaciones, le sucedió como presidente de la Federación de Juegos de la Commonwealth. Estoy seguro de que, a su debido tiempo, llevará el Ducado de Edimburgo con gran dignidad, aunque emular a su notable padre sea tarea demasiado ardua.