"Putin vete a casa", se puede leer cerca de la embajada rusa en Praga
"Putin vete a casa", se puede leer cerca de la embajada rusa en PragaMARTIN DIVISEKEFE

El repliegue en Ucrania no rebaja la tensión entre Rusia y Occidente

Oleada de expulsiones de diplomáticos rusos en la Unión Europea en solidaridad con la República Checa. Moscú promete «reciprocidad»

El mundo asiste perplejo a una Guerra Fría 2.0, que poco tiene que envidiarle a la vivida en los años previos a la Perestroika. Una Guerra Fría que se derrite y se vuelve a congelar en cuestión de meses, sin un pronóstico claro. Las ojivas nucleares de entonces son ahora declaraciones beligerantes, diplomáticos que vuelven a casa con la maleta a medio hacer y desinformación en distintos frentes, pero con el mismo escenario. Siempre al borde de lo peor, pero volviendo a la normalidad en el último momento.

Tal y como anunció Moscú el jueves, ayer empezaron a replegarse de las fronteras oeste y sur del país el 41º Ejército del distrito militar central de Rusia y varias divisiones aerotransportadas, cifradas por el alto representante de la Unión Europea para la política exterior, Josep Borrell, en más de 150.000 soldados, número de efectivos no informado oficialmente por parte del ministerio ruso de Defensa.

Podría ser este el principio del fin en la escalada de tensión entre Occidente y Rusia, pero la duda planea sobre este idílico panorama, mucho más complejo que la crisis temida por quienes vieron en unas maniobras militares rusas a gran escala una amenaza para la seguridad de Ucrania.

En Kiev respiran tranquilos viendo alejarse un posible ataque ruso, para el que no estaban preparados. Ucrania, socio preferente de Moscú hasta el triunfo de la Revolución Naranja, en 2004, que ahora intenta avanzar a pasos agigantados hacia una integración plena en la Unión Europea y la OTAN, provoca el recelo de alguno de los países miembro de la Alianza Atlántica, como es el caso de Francia o Alemania. Ante la falta de respuesta de la OTAN a la incorporación de Kiev, el embajador de Ucrania en Alemania anunció la medida inusual este mes de advertir que sin ser miembro de la OTAN, Ucrania podría considerar la posibilidad de volver a adquirir armas nucleares, abandonadas desde la era soviética.

El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, que no ha descartado una vía de diálogo para arreglar sus diferencias con Moscú, había propuesto a su homólogo ruso, Vladimir Putin, días atrás reunirse “en cualquier parte del Donbás ucraniano” para hablar del conflicto. Por parte del Kremlin, no se respondió a tal oferta porque nunca llegó, aunque al ser preguntados contestaron que lo mejor sería que Zelenski se reuniera con los líderes de las autoproclamadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, que ayer se mostraron dispuestos a reunirse con el “premier” ucraniano, algo a lo que siempre se ha negado Kiev. La contrapropuesta rusa se notificó ayer con la voluntad del presidente Putin de reunirse cara a cara con Zelenski en Moscú.

Ucrania
UcraniaT. Nieto

La mala relación existente entre Moscú y Kiev, se ha visto hasta en la manera de gestionar la pandemia, llevando al gobierno ucraniano a rechazar la inmunización del país con la vacuna rusa Sputnik V, hasta el punto de declararla ilegal dentro de sus fronteras.

A su pulso con Ucrania, Rusia ha sumado un nuevo frente, el diplomático. Washington anunció la semana pasada la expulsión de diez diplomáticos rusos como medida de presión ante una presunta interferencia rusa en las elecciones presidenciales de 2020 y las reacciones no se han hecho esperar.

Precisamente ayer, Washington señaló que el anuncio del repliegue por sí solo es «insuficiente para confortarnos», indicó un alto funcionario estadounidense de defensa a Reuters. «Es demasiado pronto para decir exactamente qué fuerzas se están retirando y exactamente qué equipo ha quedado atrás. Pero estamos mirando muy, muy de cerca».

Oleada de expulsiones a diplomáticos rusos

Ayer mismo, la República Checa, a través de su ministro de Exteriores, Jakub Kulhanek, anunciaba la expulsión de 63 empleados de la embajada de la Federación de Rusia en Praga, con el fin de equilibrar el número de diplomáticos rusos en Chequia frente a los de ese país en Rusia. De esta manera, se igualan a la cifra de 32 los empleados de ambas delegaciones diplomáticas. El conflicto entre ambos países estalló el pasado 18 de abril cuando las autoridades checas expulsaron a 18 diplomáticos rusos, acusando a dos de ellos, Anatoly Chepigas y Alexander Mishkin, de estar realizando labores de espionaje, responsabilizándolos de dos explosiones en un depósito de armas en la ciudad de Vrbetice, a 330 kilómetros de Praga, y de estar vinculados en el envenenamiento del ex espía ruso Sergei Skripal y su hija Yulia, en Reino Unido, en 2018. La administración rusa no dudó en aplicar el principio de reciprocidad ordenando la expulsión de 20 diplomáticos checos y denunciando una campaña anti-rusa, al no ofrecer prueba alguna de tan grave acusación.

Diplomáticos rusos y sus familias en el aeropuerto Vaclav Havel en Praga, República Checa. El Gobierno ruso les fletó un avión para abandonar el país
Diplomáticos rusos y sus familias en el aeropuerto Vaclav Havel en Praga, República Checa. El Gobierno ruso les fletó un avión para abandonar el paísPetr David JosekAP

El pasado jueves, la tensión se extendió hasta Eslovaquia, donde el primer ministro del país, Eduard Heger, anunció la expulsión de tres funcionarios de la Embajada rusa en Bratislava como muestra de solidaridad con la República Checa, causando la indignación rusa. El ministerio de Asuntos Exteriores ruso ya ha expresado su “decepción con estas acciones” por parte de Bratislava y ha prometido una respuesta por parte de su Gobierno.

Estos países han seguido la senda de Polonia, primer país europeo en emprender acciones contra Moscú, cuando la semana pasada y por solidaridad con las sanciones dictadas por EE UU contra Rusia decidió de “motu proprio” declarar personas “non gratas” a tres diplomáticos rusos destinados en ese país. El pasado viernes, Rusia comunicó la expulsión de cinco diplomáticos polacos. Y ayer mismo, los países bálticos se sumaban a la ola de sanciones a Rusia por solidaridad ordenando la expulsión de cuatro diplomáticos rusos, dos destinados en su embajada en Lituania, uno en Letonia y otro en Estonia. En Moscú no ocultan su asombro y decepción por esta ola de “rusofobia desenfrenada”, como la ha calificado la portavoz del ministerio de Exteriores ruso, Maria Zajarova.

«Las autoridades de esos países pueden no dudar de nuestra respuesta. Sus diplomáticos pueden ir pensando ya quién tendrá que hacer las maletas», aseguró Zarajova.