Salvini: «Il Capitano» ya no es intocable en Italia

El líder de la Liga, cada vez más contestado por los barones de su partido, ha sido superado en los sondeos por Hermanos de Italia

El líder de la Liga Matteo Salvini
El líder de la Liga Matteo Salvini FOTO: RICCARDO ANTIMIANI EFE

Parece una eternidad, pero han pasado menos de dos años. Faltaban apenas unas semanas para que la pandemia de covid golpeara a Italia y al resto del mundo occidental. Matteo Salvini aspiraba a conquistar Emilia-Romaña, la región que el centro izquierda gobierna desde hace medio siglo. Desesperado por unos sondeos que no anticipaban nada bueno, el líder de la Liga puso en marcha toda su maquinaria propagandística y protagonizó una campaña electoral puerta a puerta, que se le volvió en contra.

Salvini visitaba un barrio degradado de la periferia de Bolonia cuando, animado por sus colaboradores, llamó al portero automático de un ciudadano tunecino, a quien los vecinos apuntaban como presunto camello, para preguntarle si vendía droga. El cerebro de aquella polémica escena, que provocó un conflicto diplomático, fue Luca Morisi, creador de «La Bestia», el aparato de comunicación y propaganda en redes sociales de la Liga. El mismo que está siendo investigado por haber presuntamente facilitado drogas a dos hombres rumanos con quienes, según medios italianos, habría practicado sexo a cambio de dinero. «Es un ataque indigno», ha dicho Salvini en defensa de su colaborador, que la semana pasada abandonó el partido ultraderechista y todos sus cargos.

Luca Morisi ha sido mucho más que el «gurú» y estratega de Matteo Salvini, antes incluso de que el político milanés llegara al Ministerio del Interior en 2018. El «megáfono» del líder liguista, como se define en sus redes sociales, es responsable en buena parte de la transformación de Salvini como líder de la derecha italiana. Y para conseguirlo, no ha dudado en enfangar a sus rivales políticos, en atacar a quienes criticaban a «Il Capitano» –el apodo también es mérito suyo–, o en poner en la diana a los inmigrantes que llegaban a las costas italianas. Muchos ahora recuerdan las declaraciones del entonces ministro sobre Stefano Cucchi, un joven toxicómano que murió tras recibir una paliza de los carabinieri. «Esto demuestra que la droga es mala» dijo exculpando a los agentes, que fueron condenados a prisión.

«No he cometido ningún delito, pero se trata de una historia personal que representa una grave caída como hombre: en primer lugar pido disculpas por mi debilidad y mis errores a Matteo Salvini y a toda la comunidad de la Liga a la que he dedicado los últimos años de mi compromiso laboral», aseguró Morisi, de 48 años.

Con la caída en desgracia de Morisi, Salvini no solo ha perdido al primer soldado de su ejército de «tifosi», sino que ha dejado al descubierto que «Il Capitano» ya no es intocable, sobre todo, dentro de su partido. El apoyo de la Liga al Gobierno del primer ministro Mario Draghi marcó la metamorfosis europeísta de Salvini, que pasó de defender el «Italexit» a apoyar sin condiciones un Ejecutivo encabezado por el ex presidente del Banco Central Europeo (BCE). Muchos electores no se lo perdonaron y se pasaron a las filas de su aliada y rival, Giorgia Meloni, cuyo partido ultra, Hermanos de Italia, ya supera en intención de voto a la Liga. Según un reciente sondeo, de convocarse ahora elecciones, los de Meloni lograrían un 19,1% de los votos, frente al 18,5% de la Liga.

El ascenso de Hermanos de Italia, el único partido en la oposición, ha trastocado los planes de la Liga, que aspiraba a presentarse como una fuerza moderada para conquistar el electorado de un Berlusconi en horas bajas. Eso explica porqué durante estos casi siete meses de gestión de Draghi, Salvini ha intentado estar contemporáneamente en el Gobierno y en la oposición, manteniendo una actitud ambigua respecto a los «antivacunas» y abiertamente contraria a muchas de las medidas aprobadas por el Ejecutivo, como la implantación del pasaporte sanitario para todos los trabajadores. Pero el político lombardo ha ido perdiendo una a una todas sus batallas, sobre todo, por la rebelión de los barones de su partido, que están poniendo en cuestión su liderazgo.

Por una parte, los presidentes liguistas que gobiernan en Véneto o en Lombardía no quieren ni oír hablar de cierres a causa de una nueva ola en otoño, y confían en que la extensión del pasaporte sanitario, que ha favorecido un repunte de las vacunaciones, pueda evitarlos. Y por la otra, Giancarlo Giorgetti, el hombre de Salvini dentro del Ejecutivo, ya no disimula su distanciamiento con el líder. El ministro de Desarrollo Económico se ha erigido en el representante del ala moderada, arropado por los industriales del norte del país, que prefieren un secretario centrista y europeísta, alejado de la influencia de la francesa Marine Le Pen y el húngaro Viktor Orban.