La UE ultima otra vuelta de tuerca contra Rusia

Las nuevas sanciones podrían incluir la exportación de tecnología civil y un tope al precio del petróleo en coordinación con el G-7

La UE no piensa quedarse de brazos cruzados. Los ministros de Exteriores de la Unión Europea han comenzado a perfilar un nuevo paquete de sanciones que tiene como objetivo responder a la movilización de 300.000 reservistas decretada por el Kremlin y a las amenazas de guerra nuclear proferidas por Vladimir Putin. De momento, se conoce que este nuevo paquete de castigos supondría la inclusión de más personalidades a la lista actual de sancionados -que no pueden obtener visado para viajar a la UE y sus bienes les han sido congelados -,además de imponer restricciones adicionales a la exportación de tecnología civil. Así ha sido anunciado por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en una entrevista a la CNN desde Nueva York (EEUU) dónde estaba participando en la reunión de la Asamblea General de Naciones Unidas.

Precisamente en Estados Unidos el máximo representante de la diplomacia comunitaria, Josep Borrell, convocó una reunión de emergencia de los ministros de Exteriores de los Veintisiete que también estaban asistiendo a esta cita y se espera que este viernes los embajadores del club comunitario comiencen a debatir en Bruselas esta nueva ronda de castigos. Los portavoces comunitarios han preferido este jueves ser prudentes sobre la posibilidad de que las sanciones se extiendan a otros ámbitos, como la imposición de un precio máximo al petróleo, y se limitan a señalar la importancia de llegar a un acuerdo sobre este punto con los socios internacionales. “Se aplicarán nuevas medidas restrictivas contra Rusia lo antes posible, coordinadas con nuestros socios”, ha asegurado en un comunicado Borrell tras esta reunión de emergencia.

A principios de septiembre, las 7 economías más industrializadas del planeta ( el denominado G7 que incluye a Francia, Alemania e Italia) acordó poner un límite al precio del crudo, con el objetivo de que Moscú no siga financiando con estos recursos su mortífera maquinaria de guerra. A pesar de esto, en las últimas semanas no han producido avances en este terreno y todavía no se han pactado los detalles técnicos.

En el mes de junio, los Veintisiete acordaron el embargo al petróleo ruso en un 90% a finales de año , tanto en barriles de crudo como en productos refinados que llegan por vía marítima, si bien se seguirán permitiendo las transacciones a través del oleoducto de Druzhba. Esta tubería fue eximida de las sanciones para que Hungría y otros países sin salida al mar acabaran levantando su veto tras un mes de duras negociaciones. Cualquier paquete de castigos necesita la unanimidad de los Veintisiete para su entada en vigor, por lo que un solo país puede poner en jaque el pacto. La impresión generalizada es que el margen de maniobra de la UE se está agotando y que cada vez resulta más difícil poner de acuerdo a las cancillerías europeas para seguir estrechando el cerco sobre Rusia.

Mientras tanto, los ministros de Energía también están debatiendo la posibilidad de poner un tope de precio a las importaciones de gas ruso, pero las diferencias entre los países europeos – una mayoría de ellos quiere incluir al gas que llega de gasoducto de otros países como Noruega y Argelia así como el licuado- ha hecho que la Comisión Europea siga estudiando qué hacer y no haya presentado una propuesta definitiva.

Según avancen los contactos de los próximos días sobre la nueva ronda de sanciones, la Comisión Europea podría presentar una nueva propuesta detallada la semana que viene. Hungría puede volver a convertirse en el gran obstáculo. Según el periódico Magyar Nemzet, considerado muy afín al gobierno, el primer ministro del país, Viktor Orban, defendió este pasado miércoles ,en un reunión a puerta cerrada con miembros del partido, la necesidad de que la UE levante las sanciones vigentes ya que “están causando problemas económicos, una crisis energética e inflación”. El país se ha negado a permitir el paso de armas por su territorio para auxiliar a Ucrania y también ha aceptado pagar el gas ruso en rublos, tal y como requiere Putin.

Además, la UE se encuentra ante otra difícil papeleta ya que la movilización decretada por Putin ha causado una estampida del país y muchos rusos están llegando a los países europeos buscando refugio. El Ejecutivo comunitario ha asegurado este jueves la necesidad de evaluar caso por caso, teniendo en cuenta la legalidad vigente sobre procedimientos de asilo. Precisamente los Veintisiete pactaron a finales de agosto un endurecimiento de la política de visados, con excepciones para colectivos como periodistas perseguidos por el Kremlin, opositores o defensores de los derechos humanos. Muchos de los participantes en las protestas tras las llamada a filas han sido detenidos y se enfrentan a penas de cárcel de 15 años. La Comisión Europea defiende la necesidad de poner en marcha un enfoque coordinado entre los Veintisiete ante este nuevo desafío.

Podrían incluir restricciones a la exportación de tecnología civil y un tope al precio del petróleo en coordinación con el G7

La UE no piensa quedarse de brazos cruzados. Los ministros de Exteriores de la Unión Europea han comenzado a perfilar un nuevo paquete de sanciones que tiene como objetivo responder a la movilización de 300.000 reservistas decretada por el Kremlin y a las amenazas de guerra nuclear proferidas por Vladimir Putin. De momento, se conoce que este nuevo paquete de castigos supondría la inclusión de más personalidades a la lista actual de sancionados -que no pueden obtener visado para viajar a la UE y sus bienes les han sido congelados -,además de imponer restricciones adicionales a la exportación de tecnología civil. Así ha sido anunciado por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en una entrevista a la CNN desde Nueva York (EEUU) dónde estaba participando en la reunión de la Asamblea General de Naciones Unidas.

Precisamente en Estados Unidos el máximo representante de la diplomacia comunitaria, Josep Borrell, convocó una reunión de emergencia de los ministros de Exteriores de los Veintisiete que también estaban asistiendo a esta cita y se espera que este viernes los embajadores del club comunitario comiencen a debatir en Bruselas esta nueva ronda de castigos. Los portavoces comunitarios han preferido este jueves ser prudentes sobre la posibilidad de que las sanciones se extiendan a otros ámbitos, como la imposición de un precio máximo al petróleo, y se limitan a señalar la importancia de llegar a un acuerdo sobre este punto con los socios internacionales. “Se aplicarán nuevas medidas restrictivas contra Rusia lo antes posible, coordinadas con nuestros socios”, ha asegurado en un comunicado Borrell tras esta reunión de emergencia.

A principios de septiembre, las 7 economías más industrializadas del planeta ( el denominado G7 que incluye a Francia, Alemania e Italia) acordó poner un límite al precio del crudo, con el objetivo de que Moscú no siga financiando con estos recursos su mortífera maquinaria de guerra. A pesar de esto, en las últimas semanas no han producido avances en este terreno y todavía no se han pactado los detalles técnicos.

En el mes de junio, los Veintisiete acordaron el embargo al petróleo ruso en un 90% a finales de año , tanto en barriles de crudo como en productos refinados que llegan por vía marítima, si bien se seguirán permitiendo las transacciones a través del oleoducto de Druzhba. Esta tubería fue eximida de las sanciones para que Hungría y otros países sin salida al mar acabaran levantando su veto tras un mes de duras negociaciones. Cualquier paquete de castigos necesita la unanimidad de los Veintisiete para su entada en vigor, por lo que un solo país puede poner en jaque el pacto. La impresión generalizada es que el margen de maniobra de la UE se está agotando y que cada vez resulta más difícil poner de acuerdo a las cancillerías europeas para seguir estrechando el cerco sobre Rusia.

Mientras tanto, los ministros de Energía también están debatiendo la posibilidad de poner un tope de precio a las importaciones de gas ruso, pero las diferencias entre los países europeos – una mayoría de ellos quiere incluir al gas que llega de gasoducto de otros países como Noruega y Argelia así como el licuado- ha hecho que la Comisión Europea siga estudiando qué hacer y no haya presentado una propuesta definitiva.

Según avancen los contactos de los próximos días sobre la nueva ronda de sanciones, la Comisión Europea podría presentar una nueva propuesta detallada la semana que viene. Hungría puede volver a convertirse en el gran obstáculo. Según el periódico Magyar Nemzet, considerado muy afín al gobierno, el primer ministro del país, Viktor Orban, defendió este pasado miércoles ,en un reunión a puerta cerrada con miembros del partido, la necesidad de que la UE levante las sanciones vigentes ya que “están causando problemas económicos, una crisis energética e inflación”. El país se ha negado a permitir el paso de armas por su territorio para auxiliar a Ucrania y también ha aceptado pagar el gas ruso en rublos, tal y como requiere Putin.

Además, la UE se encuentra ante otra difícil papeleta ya que la movilización decretada por Putin ha causado una estampida del país y muchos rusos están llegando a los países europeos buscando refugio. El Ejecutivo comunitario ha asegurado este jueves la necesidad de evaluar caso por caso, teniendo en cuenta la legalidad vigente sobre procedimientos de asilo. Precisamente los Veintisiete pactaron a finales de agosto un endurecimiento de la política de visados, con excepciones para colectivos como periodistas perseguidos por el Kremlin, opositores o defensores de los derechos humanos. Muchos de los participantes en las protestas tras las llamada a filas han sido detenidos y se enfrentan a penas de cárcel de 15 años. La Comisión Europea defiende la necesidad de poner en marcha un enfoque coordinado entre los Veintisiete ante este nuevo desafío.