¿Más armas a Ucrania?

El material de defensa está siendo uno de los tres pilares fundamentales que sostienen los avances ucranianos contra la invasión de Rusia

Parte de un cohete incrustado en la pared de un edificio atacado en la ciudad ucraniana de Mykolaiv
Parte de un cohete incrustado en la pared de un edificio atacado en la ciudad ucraniana de Mykolaiv FOTO: MIKHAIL PALINCHAK EFE

No hace tanto tiempo el mundo vivió al descubierto y sin telón un baño de realidad en geopolítica e intereses nacionales con la distribución de las vacunas Covid-19. En el 2021, en casi toda familia o grupo de amigos se destaparon expertos de salón latentes en geopolítica sanitaria; este 2022 no es tan diferente con la industria de defensa.

Los términos en 2022 son esencialmente los mismos desde un punto de vista de la capacidad militar; la justificación es extrapolable a lo que vivimos entre países con las vacunas del Covid-19: EEUU contaba con un poderoso activo geopolítico con las vacunas desarrolladas en EEUU, y ahora con el material militar. Realmente el lema de campaña de Trump era aplicable, mutatis mutandis, a cualquier país, pero sólo él se atrevió a ser tan directo y claro con su “América First”: Las necesidades nacionales siempre se cubren primero, y una vez estas se satisfagan, van las de nuestros aliados, pasando por caja de un modo u otro.

La Inteligencia de los aliados

En el 2022 se confirma ante la sociedad que el disponer de una industria de defensa nacional garantiza recibir, de forma prioritaria y en los momentos más difíciles, el material para cubrir la capacidad militar, ya sea una nueva adquisición o, lo que es más importante en estos momentos, su reposición.

Desde finales de febrero de este año es habitual oír hablar sobre el material militar que los aliados han enviado a Ucrania para repeler la invasión rusa. Sin duda, junto a la inteligencia que le proporcionan los aliados y la fuerte voluntad de combatir de los propios ucranianos, el material de defensa está siendo uno de los tres pilares fundamentales que sostienen los avances ucranianos.

En general y en términos brutos, lo que ha predominado con nuestros aliados ha sido el envío de material fruto de las capacidades industriales propias. Esto es, por ejemplo, envío de sistemas de armas siempre industrializados en EEUU por parte de EEUU (dones “kamikaze” switchblade, HIMARS “Sistema de cohetes de artillería de alta movilidad”, y un muy largo etc.) o el envío por parte de Reino Unido del misil anticarro NLAW, industrializado en el propio Reino Unido. Incluso Alemania está exportando a Ucrania su flamante sistema nacional de defensa antiaérea IRIS-T.

Juego de contrapesos

Esto no es casualidad. La guerra de Ucrania no sólo ha sido una llamada de alerta a las capacidades militares en Europa, sino también, y como consecuencia directa, una llamada de máxima atención a las capacidades industriales de defensa de cada país.

De cara a la sostenibilidad de ambas capacidades de defensa, militares e industriales, no puede haber una sin otra; es un juego de balanza con contrapesos con resultados en el medio y largo plazo. Salvo ciertos estados del golfo Pérsico, que cuentan con un contrapeso económico fruto del gas y petróleo, a mayor inversión militar se requiere de una mayor industria de defensa nacional para garantizar la sostenibilidad de las capacidades militares. Esto resulta evidente si se tiene en cuenta el retorno industrial de las adquisiciones en defensa. En las adquisiciones de sistemas de defensa extranjeros el retorno industrial es prácticamente cero. Esto es, cada euro que sale de España no se invierte ni nutre el tejido económico-industrial nacional, es un gasto neto.

En contraposición a esto, las adquisiciones que van directamente a la industria de defensa nacional pueden generar un alto retorno industrial en empleo directo, indirecto e inducido. Igualmente, se pagan impuestos de todo tipo y, lo más importante, se abre la puerta a la exportación y al uso dual, lo que acaba multiplicando todos estos factores. En esta línea se pronunciaba hace poco en una entrevista el ministro de Economía francés Bruno Le Maire; “El verdadero riesgo para Europa es que se quede atrás tecnológica, industrial y económicamente, dejando el campo libre a EEUU y China. Démonos los medios para reindustrializar Europa para seguir siendo una gran potencia industrial mundial.”

Bajo esta premisa se explica, por ejemplo, la razón por la cual los sucesivos gobiernos del PP, PSOE, e incluso Podemos en Cádiz, han apoyado siempre a la empresa pública Navantia a pesar de ser deficitaria. En cuanto uno reconoce que España necesita adquirir fragatas y valora el retorno industrial que estas generan en toda la industria, el objetivo de Navantia pasa de ser rentable en los términos económicos clásicos y netos individuales de una empresa a jugar un papel mucho mayor en todo el tejido industrial nacional del sector. Desafortunadamente, no todo puede ser adquirido de forma nacional, por cuestiones de capacidad industrial actual y de escala los gobiernos han de acudir al mercado exterior.

Los retornos y los beneficios de apostar por una industria de defensa no son inmediatos, los efectos no se verán hasta las siguientes legislaturas. Generar una industria competitiva y efectiva en materia de defensa requiere planificación, inversión, estabilidad y tiempo; se han de alinear varias legislaturas y gobiernos de diferente color político.

La cuestión es pues entender cómo ha cambiado, o si se ha adaptado, la estrategia del Ministerio de Defensa en relación a la industria de defensa, si ha sentido la llamada de máxima atención proveniente de Ucrania y si veremos una reacción consensuada con los partidos de estado acorde al desafío por parte del gobierno y oposición.